Traté
de decirlo antes, pero usar palabras es cavar una fosa. Leerán otros, habrán
antes, pero Hernán es la piedra angular. Palpitaciones, el músculo existe. Agitación, conmoción, desconcierto. Amor. Un poema que sea una casa, un poeta
que sea todas las ventanas abiertas. El manantial, un haz de luz, la luna
aullando, mi cuerpo ahogado en un grito, todo lo verdadero. Poesía y música en El Universal, entrelazadas, tejiéndose.
Siempre
que se pueda escuchar de su voz, que se haga. Florencia Ruiz, tiñendo la
noche con la belleza de su guitarra. Pipo Lernoud, esa sabiduría con bigotes que juega
en versos e invita al violoncello de Lautaro Aledda. Flopa, miniatura inmensa germinando
en continuado. Y Malatesta, claro. Roberto Malatesta que desvió el río hasta
este lugar.
Después, nada es igual. Al día siguiente, en la próxima vida, al despertar de
la mañana de tu cuerpo, lo ves distinto. Un bicho durmiendo en tu cama. Efecto dominó.
Las fichas se caen, hacen su pequeño estruendo. Todo porque su voz te llegó.
Que su palabra te encuentre. Esta noche, ahora, y para siempre.
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