Los días se suicidan. Darse cuenta,
despabilarse. Entrar al MNBA de noche un jueves que no es de este mundo. Y
explicarlo, no obstante, con estas palabras. Recorrer un museo intervenido, subir
escaleras, empujar una puerta muy pesada, sentarse en un banco de mármol, tener
una buena amiga, salir al patio. Dar tregua. Estar vivo, y que no duela. Una
banda que conocés, en un lugar que conocés y aún así, que la experiencia sea novedosa.
Un cuadro lleno de preguntas, un busto lleno de respuestas, una sala llena de
personas. Una cerveza de Holanda, una fiesta a la que están todos invitados,
una masa de invitados de un círculo cerrado que se abre como una puta del mejor
burlesque. Un caleidoscopio lisérgico de sonido en expansión, ruido que se transforma
en proyección y despega al espíritu del cuerpo, que queda flotando entre estos marcos
dorados, tan pesados y enormes. Las paredes bordó se van acercando, cerrándose
hasta aplastarnos. Y en esa grieta, la música va naciendo desde instrumentos hechos
a pequeña escala, al borde de la irrealidad. Esos sonidos, entonces, comiéndose
el cuerpo, fa.go.ci.tán.do.lo. Una plaga que arrasa con todo lo que está a su
paso, la materia de la superficie. Y la espera divina, porque es apenas un
pasillo el que nos separa de ese angelito que lleva envuelta la cabeza del hijo
de dios. Y de todos esos santos que son tan pero tan oscuros que podrían ser
una tormenta. Quedar, entonces, de cara a la esencia. De cara o de ojete, eso
es lo que no sé todavía. Los días se suicidan, porque saben resucitar. Éste lo
hace todos los meses. Bellos Jueves.
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martes, 1 de julio de 2014
jueves, 26 de junio de 2014
domingo, 1 de junio de 2014
Como en Casa A
Sentirse a gusto, como en casa. Bien recibida,
cálida. Los lugares como estos pueden ser arcones de recuerdos de noches que
están por venir. El espacio colmado de personas con las que seremos ex-amigos
antes de conocernos♪♫. Es difícil determinar los motivos que hacen de Casa A un
bunker perfecto. Como las viejas recetas familiares, que las nuevas
generaciones intentan copiar sin alcanzar el mismo resultado, aunque sigan las
instrucciones al pie de la letra. Ese mismo misterio, que intriga y gusta.
Quisiera poder aplicar para mandarme mudar acá.
Las terrazas de los edificios vecinos, las
cuento, les dibujo el borde en el aire con esta misma lapicera. Proyecciones psicodélicas
en las paredes de una, un cuarto con cuadros, y otro y otro. Una cocina que
oficia de barra y expende bebidas en frascos, como medicamentos milagrosos
recetados por sabios.
Un patio es la gloria. Una noche de otoño, una
pequeña manada de desconocidos abrazando la música nueva, un puñal en mensaje
que no llega, una señal, la misma. Hernán Segret dispara los primeros acordes, con
guitarra y sin mic. Mientras lo escucho pienso en próceres del rock local, en
uno delgadito más que en ningún otro, y en algún músico de Morón del que hace
mucho no tengo noticias. Me gustan sus canciones, la armonía con la que las
hace sonar, su voz serena. La dulzura. Un muy lindo inicio para esta noche musical.
Al costa hay una huerta, la vida arrinconada y
el hospital perfecto para una menta. Una de esas lámparas que dan calor, uno de
esos calores que energizan los días de rutina. Francisca y los Exploradores, en
versión solista y dúo. “De su sal”, “Todos
como vos” casi a cappella,
porque la guitarra es rasgueda apenas. Imponiendo su modo, su forma y su
tiempo, hace con las canciones lo que quiere, las moldea de nuevo, y así nuevas
las entrega y son hermosas también. Nico Garay se acomoda en el teclado, y la
música encandila de otra manera, con una energía que camina las notas. La voz
pasa a un plano casi silencioso, pero el giro sonoro resulta interesante y el repertorio
no excluye los hits Barbuda.
Hacia el final todo se transforma otra vez, de
la silla contigua me llega una palabra que resume la situación: “enloqueció”. Y en una versión a su
propio estilo, Fran canta “Viejos Vinagres” a puras bases. Se despide con “El
día de la lenteja” y deja en evidencia que solo, acompañado, con madera o pc,
el escenario es su lugar.
domingo, 2 de junio de 2013
¡Qué no nos corten el mambo! - Sesiones Antropoéticas en Guebara
Todavía trato de rearmar el rompecabezas que es mi cabeza, porque en Guebara la música, gloria infinita, de Strassburger y la ronda de lectura me la destrozó.
Rosario Bléfari nos entrega el tesoro de sus textos de los 19, mecanografiados y desnudos. Segundo viaje que hago en la semana a los albores de la pubertad. Dulzura traslúcida, le rezaría a las cuentas de su nombre por más poesía así. Gustavo Álvarez Núñez comparte epifanías, y no puede menos que ahorrarse la definición. Nora Lezano, abeja reina, agita la colmena y se me llena la panza de abejas zumbando, abismo adentro del abismo. Un manifiesto celestial. La performance de Luis Aranosky mantiene a todos mis sentidos bien alerta, y veo venir el instante preciso en el que sus textos comandan a todas las abejas que quedaron bailando que claven sus aguijones, desde la panza subiendo hasta la boca. La lengua llena de llagas. La voz agujereada, pero estallando.
No es que vaya a decir nada nuevo para nadie, pero sagrada sea la comunión de la música y la poesía. ¡Qué no nos corten el mambo!
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miércoles, 22 de mayo de 2013
Arranca el ciclo Indie Folks Live
Arranca el ciclo Indie Folks Live! y Lupe no se la pierde ni ahí!
Dale click al evento y chequeá en detalle:
lunes, 8 de abril de 2013
Atravesar la pared - Lautaro Aránguiz + Tomás Aristimuño en Despacio Martinez
Atravesar la pared, si una foto nos genera la necesidad urgente de atravesar la pared y meternos adentro, si una imagen de 10 x 15 nos transporta a un extremo austral del planeta y nos hace hervir la sangre de ganas de estar ahí, ¿entonces será justo decir “qué linda foto”, será una exageración o será demasiado poco? Mediar la palabra entre una imagen y una emoción es una tarea espinosa, casi peligrosa: qué palabra elegir, cuál será la palabra justa que transmita de la manera más fiel la explosión de sensaciones… Si una imagen vale más que mil palabras, ahora sé cuál es la imagen que elijo para decir las mías.
Si tuviera que adivinar la forma que puede tomar la intimidad de un manojo de canciones folk, puedo imaginarme las que están sonando en este lugar, las melodías + el lugar, como una dupla fusionada. Tomás Aristimuño y su guitarra cautivan, transportan. No me animo todavía a enlazar las fotos sublimes de Lautaro y la cadencia enajenadora de la música de Tomás, pero la conexión es harto evidente. Excusa perfecta que viene a suplir mi falta de valentía para que por fin me suelte y viaje, y allá estoy, en el bosque por fin, bella durmiente descansando en el sueño de habitar una casa donde crezca un árbol adentro.
No te importa mi libertad, no me esperás y siento las cuerdas sangrando a dúo y mis venas de tierra y agua se suman a ese dolor dulce y como en un trance mis oídos no dejan de arrancarme lejos. La percusión que hacen las chicas de la mesa contigua me provoca abrazarlas aunque, claro, me contengo, el viaje es individual.
Va llegando el final, hora de cortar el hilo que me tiene pendiendo en el aire, fin de teletransportación, adiós al bosque. Una bocanada de aire fresco, una cerveza helada en el patio mirando las hojas secas flotar en el agua con los ojos llenos del germen de lo nuevo. Amén por las imágenes preciosas, precisas y fecundas y por los ramilletes de canciones germinando en otoño.
martes, 11 de diciembre de 2012
“Gesta”, Pablo Dompé - C.C.R.
“Gesta es proeza, pero también preparación y preñez”, María José Herrera. Me quedo con esa frase antes de darme vuelta y meterme de lleno entre las esculturas de Pablo Dompé. Y aunque sospecho que los colores de estas figuras magnificentes deberían chocarme, lo que me transmiten es lo opuesto, algo muy parecido a la serenidad. Siento como si una porción de la vida quedara atrapada en esta sala, al menos por un rato; como si aquí estuviera el comienzo, el punto de largada.
Me cuesta no ver lo femenino en la Gesta, y al mismo tiempo lo que hay de universal en ello, lo natural. Las líneas de las figuras me seducen completamente, de tanta belleza siento como si se hubieran desprendido del Universo para aterrizar justo a mis pies. Y están ahí, quietas, y si embargo yo las percibo en una perfecta continuidad, en el principio del movimiento, meciéndose.
“Teletransportación a Enero”, Popi Lamadrid - C.C.R.
Sigo un poco más, y llego a la Sala 9, 2da escala: Teletransportación a Enero, Popi Lamadrid. Empiezo el recorrido y siento cómo la noche va cayendo, un manto que cubre la sala con liviandad. Se me llenan las fosas nasales de olor a verde, a humedad, a río. Me envuelve esa sensación veraniega de nubes de mosquitos, y por supuesto, de nostalgia dulce. Porque aunque Enero esté por llegar otra vez, bien sé yo, y mejor que nadie, que el Enero que pasó no vuelve, melancolía infantil, añoranza inútil.
Con cada pisada se desprende de las pinturas colgantes una brisa cálida, de esas que no refrescan la piel pero mueven las hojas, pegajosa y húmeda. Y mis zapatillas se transforman en ojotas plásticas y multicolores, y con cada zancada una bocanada de aire limpio y nuevo.
Si tuviera que definirla en mi propia experiencia, esta muestra fue la imagen de un capricho: mi renuncia a crecer, a creer que el tiempo pasa y deja huellas.
Que cada uno se le anime, que Enero es el principio.
“The Forgotten World”, Mariano Enriquez – Espacio Historieta, C.C.R.
Mariano Enriquez – “The Forgotten World”
Mi plan de Domingo incluyó una visita por el Recoleta, simplemente porque la vista desde su terraza es motivo suficiente para sobrellevar el calor que asciende desde la alfombra de asfalto que cubre mi Buenos Aires querido. Y también porque en sus múltiples salas siempre encuentro alguna sorpresa bonita, siempre alguna cosita moderna y talentosa.
Un espacio destinado a Historietas tiene sus paredes exhibiendo la obra de Mariano Enriquez, y para entender de qué se trata este pasillo me aventuro en la presentación curadora:
Según diversas teorías y pruebas halladas en diversos escritos de religiones y culturas de la antigüedad, el planeta Tierra fue visitado por seres extraterrestres…
Y acto seguido, mis ojos decodifican el mensaje del artista: “Sin misterio no hay belleza, sin belleza no hay magia”.
Y sin más, un pie delante de otro y a estar atenta a lo que cuelga de las paredes.
Lo que veo me cautiva, me despierta, me dispara un perdigón de espejismo y ensueño que ciertamente no esperaba encontrarme hoy. Recorrer la obra de Enriquez fue para mí volver a tomar la píldora de la imaginación y dejarme flotar, viajar, volar en el tiempo para atrás y para adelante, en todos los sentidos que marque la aguja del reloj, hasta hacerlo desaparecer.
Despego por un momento la nariz del calendario que me cautiva, y pesco al vuelo un pensamiento propio: No estamos solos. No somos el centro. Pero no es una novedad, al menos no lo es para mí. Es la concientización del hecho, es la infinitud de nuestra presencia de un lado y del otro del presente, y al mismo tiempo la fugacidad de nuestro paso.
El que esté listo, que arme las valijas y vuele sin escalas al Espacio Historieta.
CENTRO CULTURAL RECOLETA
Capricho de compartir mi bunker:
No es un sonido armónico, es más bien discontinuo, brusco por momentos, inestable y desordenado. Mi espejo. La fuente del patio del Centro Cultural Recoleta me refleja, la brisa cálida de principios de Diciembre me acobija y yo desde el banquito de madera miro el cielo completamente despejado y mientras respiro tan hondo como me den los pulmones.
Mis ideas no están en orden, y no me exijo: no veo porqué deberían estarlo. No hoy. No todavía. Por lo menos, ahora ya sé a dónde ir a desparramarlas. Crecer es, a veces, tener un bunker.
lunes, 19 de noviembre de 2012
MARDER – Festival de Arte en Tiempo Real – CCGSM
Llegué hace un rato, subí y bajé una y otra vez las escaleras del Centro Cultural San Martín de un lado y del otro tratando de absorberlo todo porque antes de venir tenía bien claro lo que quería: no perderme nada!
Mareada, confundida, sorprendida vagabundeo entre los visitantes, anónima. Pero las cuerdas me traen de vuelta. La correa cortita de la guitarra me da la pauta: Kabusacki al mando. Con eso me hubiera bastado, pero están también los dedos mágicos, rapidísimos e incomparablemente hábiles de Lucy Patané en el bajo y coordinándolo todo la inigualable Marina Fages.
Otros músicos están formando parte del suceso, performando en vivo en el escenario improvisado, y yo siento el piso vibrando y como un rayo de luz me llega el sentido: arte en tiempo real.
El cambio es rápido, sin embargo, todo fluye tan natural. Artes visuales en cada una de las salas, el ojo de hoy mirando al futuro e incluso la invitación abierta a participar. En MARDER se conjugan diferentes formas para alargar los brazos y poder llegar a lo nuevo, a lo bueno, y yo siento que la vanguardia está acá, y yo fui parte.
La Noche de Los Museos
Es la 9na edición de La Noche de Los Museos, y sin embargo, va a ser la primera vez que me una a la masa que va de aquí para allá atiborrándose en la puerta de cada recinto de arte que hay en la ciudad que no duerme.
Arrancamos temprano, porque ¡ay inocentes!, pensamos que hay forma de evitar los metros y metros de filas de humanos de todas las edades, géneros y formas. La suerte de principiante nos acompaña, y llegamos al primer museo del recorrido (previamente diagramado, claro) y si bien hay visitantes moviéndose de aquí para allá, como hormiguitas en una pecera, podemos pasar sin problemas y colarnos en la visita guiada, donde tratamos de entender la pauta que guió al artista en la obra expuesta a la vez que nos cuestionamos si explicar con palabras lo que él mismo decidió expresar con objetos multicolores y diminutos no sería una crueldad…
Hay un patio, y vamos a visitarlo como un caminante visita el oasis en el desierto: música en vivo. Me gusta. A mi oído le gusta la música de las guitarras y el bandoneón, a mis ojos les gusta el patio interno con árboles y plantas y estrellas y aire puro.
Seguimos camino. Vamos a renunciar 2 veces a la cola que da vuelta la manzana, pero vamos a deleitarnos con un museo laberíntico con obras al mango y vamos a finalizar el recorrido en un edificio histórico y colosal, sólo por el gusto de estar del lado de adentro por las tantas veces que pasamos por adelante aplaudiendo su fachada magnánima.
Exhaustos, nos volvemos a casa casi sin fuerzas. Volvemos nutridos de arte plástica a más no poder. Nos prometemos volver por los que quedaron fuera de itinerario. Nos preguntamos qué nos pareció la experiencia, sin saberlo bien…
ARTE: La Usina Del Arte
En el camino de regreso a casa, después de haber visitado La Usina del Arte, en el barrio de La Boca, me quedé tratando de traducir en palabras la sensación que me había dejado esa obra monstruosa de 15.000 metros cuadrados con ladrillo a la vista, mármol y granito, emplazada en el clásico edificio de la compañía Ítalo Argentina de Electricidad, construido a principios del 1900.
La palabra que primero llegó a mi cabeza fue “argentinidad”. Es una vez más, como el Teatro Colón, como la avenida Rivadavia, como el tren del Fin Del Mundo y el De Las Nubes, una obra bestial, colosal, conmovedora por su inmensidad y algo pretensiosa, claro está.
La Usina alberga la primera sala sinfónica de la Ciudad con capacidad para 1200 personas, cuyo revestimiento en madera de guatambú es un gusto para los amantes de la arquitectura, y cuenta con otros espacios para espectáculos de danza, exhibiciones de artes plásticas, muestras y exposiciones para diversas intervenciones artísticas.
Recorrer cada uno de sus rincones es un viaje de ensueño, donde se disfruta la fusión de la arquitectura fabril con un diseño moderno e innovador, que permite al visitante anticiparse e imaginar el potencial que encierra este monstruo multicultural.
Cruzo los dedos para que la obra esté definitivamente terminada antes de fin de año, como promete el Gobierno, y que finalmente el arte en todas sus expresiones y en todos sus niveles encuentre un lugar donde expresarse y mostrarnos todo lo que tiene esta Ciudad para dar.
Me quedo, sin embargo, con una pregunta abierta: Será verdaderamente que se abre la oportunidad para que los amantes de la vanguardia y los defensores del under puedan anclar su barca en esta isla y comulguen allí con el arte en todas sus versiones que tanto estiman y asimismo se conviertan ellos mismos en musas que inspiren más y más espacios para los artistas que nutren la cultura y la convierten en algo vivo?
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