Mostrando entradas con la etiqueta Café Vinilo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Café Vinilo. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de enero de 2016

qué show más raro - El Gnomo despide Las Mil y un Canciones en Vinilo



Quizás porque las despedidas sean algo complejo. Quizás porque no es cierto que existan, porque aunque se decida despedir un disco, las canciones van a estar siempre ahí, en algún lado, enredadas en alguna siesta en el rosedal, en algún viaje en ese bondi que nunca más tomé, en alguna tarde donde la ficha cayó de una vez y para siempre.

Sea como fuere, es principio de noviembre (2015, claro está) y El Gnomo cita en Café Vinilo para despedir Las mil y un canciones. Se hace acompañar por La Filarmónica Cósmica y la cosa ya arranca diferente. Pide conexión, pide oscuridad y un Om general. Hay invitados, suenan temas del disco y temas aún no editados. Pero la línea temporal del show se rompe en algún momento, y todo sucede fuera de tiempo y de espacio, como si despedirse de un disco fuera una trampa. “El amor es una opción inexistente”, reflexiona el Gnomo y se olvida que estamos acá, dándolo. “Qué show raro”, dice algún músico. Y todos reímos, aplaudimos, coreamos y cantamos.

Ensayo general y a corazón abierto. Así me gustaría resumirlo. Porque el corazón es así, raro, difícil de entender y más aún de explicar, pero siempre cálido. Todo termina abrupto, sorpresivo. Entonces quizás sí, quizás sí existan las despedidas y los finales. Sin que nadie quite que lo que pasó fue cierto, y sin que nadie pueda evitar que otros lo tomemos para armarnos estos cuentos.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Lupe y sus amores, quitándonos el aliento



Ese jueves, la noche era una delicia en Buenos Aires. El aire soplaba templado, la luna colgaba radiante y Café Vinilo vestía de lujo para la ocasión. Me sedujeron los detalles, una rosa en cada pie de mic y a cada lado del piano de cola. Unos pequeños candelabros iluminando las teclas, y toda la banda enfundada de gala. La luz intermitente y el calor de las velas en las mesas aportaban su cuota de magia. Todo estaba dispuesto para que se iniciara la presentación oficial de Lupe y sus amores.

Un refugio. La música puede ser un refugio. Y todas esas imágenes que construimos a través de ella para hacer un álbum de fotos de un pasado idílico. Y un día sucede, inevitablemente. Ese puñado de canciones que nos ayudan a crear un tiempo de dicha, quedan suspendidas. Pero con qué fuerza infinita nos transportan a ese ayer cuando son rescatadas. Mujer divina, Piel Canela, I don't want to talk about it, Quizás, quizás, quizás, , Blanco y azul, When you´re smiling, Il cielo in una stanza, You've lost that loving feeling. Todas y cada una, eriza la piel. Qué trance es volver a ese lugar a través de las reversiones de Lupe y sus amores. Con qué placer tararear lo que otrora fuera un himno personal, el más sentido, el más sangrado. Un viaje de puro placer por grandes clásicos de tiempos perdidos. Un disfrute total, un intervalo en el cual recuperar el oxígeno, para volver a perder enseguida el aliento, para entregarse de lleno a este conjunto musical que es una verdadera delicia, una caricia.

Guadualupe Soria es una sirena, es una reina, es la mujer más bella del mundo, es la voz más dulce y profunda, es la feminidad que deleita, el canto que acoge. Desde cualquier ángulo que se la abarque, en esta noche, Lupe luce perfecta. Carlos Britez, Julián Gándara, Nicolás Rainone, Mariano Malamud y David Alonso Fernandez son el acompañamiento ideal. Sus formas, su candidez. Su manera de construir y transformar lo individual en colectivo, y que el resultado sea bello. Los arreglos son impecables, cada canción, cada detalle y esa manera tan natural con la que los talentosos hacen parecen sencillo lo imposible. No están solos, los mejores invitados los acompañan en esta función. 

El público, que ocupó hasta el último asiento, pide bis. Repiten la mágica fórmula de Piel Canela. Aplauso de pie y sostenido. En ese vaivén del pasado y el futuro, algún punto colorado puede cruzarse en el camino. Mejor seguir el consejo de los sabios y que nada te detenga. Ya habrá una canción que haga de esta noche otro refugio, bring back that lovin' feeling. 

jueves, 3 de septiembre de 2015

domingo, 17 de mayo de 2015

He sentido las cosas más bellas que puedas pensar


La música es tiempo. Discurre, transcurre, existe, empieza y termina. Un lapso, un intervalo, una seguidilla de notas, de melodías suicidas. Estamos acá, en la Ciudad de Buenos Aires, en un Café Vinilo que nos abre, cálido, sus puertas. Es miércoles, son las 21hs y El Gnomo presenta Las mil y un canciones. Hay un reloj, hay coordenadas, hay tiempo y espacio, todavía.

Apagar las luces, hacer un minuto de silencio y respirar a conciencia. La llama de las velas se desdibuja antes de que los ojos se cierren y lleguen los acordes de “La cosecha”. El tiempo quebrándose. Establecido el pacto, la música hace el resto. Dede la primera fila, se los ve con total claridad. Hilitos de amor van tejiéndose en el escenario. Nacen en las cuerdas de la guitarra eléctrica, comandada por Santiago Garriga. Casi transparentes, como una tanza que salta desde el clavijero hasta los platillos de Toto Ciccone, y de ahí al bajo de Javier Reznik, donde dan varias vueltas, se enriedan de una manera compleja. Y cuando pareciera que van a quedarse allí, “Canción triste” los arrastra mansamente hasta las teclas de Rodrigo Ruiz Diaz. La Filarmónica Cósmica destruyendo el tiempo, fracturándolo.

Algo como un espejismo acecha, y Martín Sus sube al escenario. Después lo hará Diego Martez, y el corazón se derritirá un poquito más, todavía. El reloj se detiene por completo. La música es tiempo, y el tiempo es lo que ella quiera hacer con eso. Van a llegar Pablo Paz, Lucio Mantel, Ezequiel Borra o “vení a tocar, Borra, no seas puto”. Y con estos amigos de invitados, viajamos un poquito por esa penillanura suavemente ondulada. Ellos también, y sin darse cuenta, se van a ir enredando en esos hilitos traslúcidos, casi invisibles. Un alto nos devuelve del trance. Segunda ronda, pero de las agujas ni noticia. Seguimos todos acá enmarañados en estas babas del diablo, tomados por el trance que generan las canciones mil y una. 

La noche no tiene fin, y en el no-tiempo del no-espacio, se borran los contornos y unos suben al escenario y otros bajan y somos todos parte de lo mismo, y empapados de amor, cantamos, pegoteados en esos hilitos de amor que El Gnomo tejió entre acordes y sueños. Ahí mismo, algo germina, brota, florece. Como sucede con el alimento en la tierra. Porque el espíritu también se nutre. Para eso no hay tiempos, no hay formas, no hay secretos. Música, alimento del alma. Eterna y fugaz, asesina del tiempo.  

miércoles, 13 de mayo de 2015

El Gnomo en Café Vinilo, presentando su disco


esta noche, una celebración formidable va a tener lugar en Vinilo, a las 21hs

El Gnomo presenta oficialmente "Las mil y un canciones"
acompañado por la banda y con invitados de lujo

Lupe te está invitando, porque sabe que la música es el alimento del alma



martes, 12 de agosto de 2014

"Realmente Grande" cumplió su primer año


Es sábado en la ciudad de las luces, se acerca la medianoche y se escuchan los aullidos de los lobos, que empiezan a manar del monte. Yo, por mi parte, tengo un cumpleaños al que asistir. En compañía de dos chinas, campeona y sub-campeona de lucha porquesí, y de una luna redonda y hermosa, y bajando sin prisa pero sin pausa por Gorriti en dirección Salguero.

Con un Café Vinilo colmado, Lu Martinez, acompañada por su banda, recibe cálidamente a los invitados. “Sean bienvenidos al festejo número uno”, así arranca la celebración del natalicio de “Realmente Grande”, su disco solista debut donde en ocho canciones cabalga una fusión de ritmos que va desde el funk hasta el soul, sin dejar afuera al rock, ni al swing, y cuidando al dedillo hasta el más sutil de los arreglos, entregando una lírica atrevida y divertida.

Ahora, Castelar, el pop quinceañero de Ayer. Cada canción con su identidad única, agarra de la mano a la anterior y juntas conforman esta rueda fantástica que es Lu Martinez en su versión compositora y solista. Con vientos invitados que hacen las veces de coro y suman una simpatiquísima coreografía, y el maestro Mariano Gianni en el piano para completar la escena, la banda está más que completa. La lista de temas pasea por los tracks que en vivo suenan con muchísima fuerza, y hay un equilibrio en el sonido que denota el resultado de un camino recorrido. Doce meses desde el debut, el tiempo que valió para pulir y mejorar y afianzarse. La banda se entiende a cada momento, y es un placer prestarle atención a cada uno en lo suyo, porque la mixtura que alcanzan juntos es exquisita.

Un momento de soledad para Lu y su guitarra, donde expone todo su potencial de cantautora y su carisma y talento infinitos. Muchísima intimidad y una emoción enorme en ese homenaje a la barítono eterna que está presente en toda la música de la que siempre va a ser parte. Hermosa y entregada, lleva la velada con esa soltura que tienen las artistas que están comprometidas con lo que hacen. Una despedida que arranca con una versión funk fresca y parrandera de Cómo es posible que a mi lado, fiel al estilo de Lu. El público sediento de funk pide bis, y preparadas están Manuela, Santa Rita y una anécdota tragicómica que se hizo canción para el final de fiesta.

Muy feliz cumpleaños para “Realmente Grande”, y felicitaciones por haber llegado hasta acá. Esto no quita que pidamos más! Porque sabemos que Lu Martinez es igual de gigante y tiene muchísimo más para dar. SALUD!

lunes, 16 de junio de 2014

No hay nada más lindo que la familia unida


Cada cual tendrá su fórmula para espantar la fatalidad que se le atribuye al Viernes 13. Mi antídoto es casi siempre el mismo: una velada musical que ahuyente lo malo. Los astros, alineados de mi lado, me gratifican con el debut del (tri)Ciclo en Familia.  Promesa de tasnoche folk en un otoño que no da tregua, en ese perímetro que sabe regalarme cálidos encuentros.

Apenas pasada la medianoche, y mi undiverso infimito está a punto de derrumbarse cuando a mis orejitas llega el fatídico anuncio: “Cayeron las reservas”. Viernes 13, ahí estás todavía! Con los pies arrastrados y el corazón en llanto, no queda alternativa más que la de abandonar el lugar. Pero en las inmediaciones, el Sr Martinelli se expide con un gesto de gentileza y humildad que nos ubica en la planta alta del Café Vinilo, de frente al escenario y fulgurando sonrisas para alquilar balcones.

El show está por comenzar, todos a sus puestos. Arpa de yapa en los dulces dedos de Marina Dominguez, y se respira tranquilidad al ritmo de “Lullaby”, que los monstruos ya no existen o son buenos: todo lo que está por venir es justo lo opuesto a una noche de terror. La Familia de Ukeleles trajo a los primos del campo para celebrar este primer encuentro, que se entiende no sólo por el repertorio elegido sino también por esas vestimentas de granjeros que lucen. Siempre atentos a cada detalle, a que nada falle.

Suenan tremendo, sencillamente impecables. Calidad y profesionalismo, sin descuidar la calidez ni la interacción con el público, al que tienen comiendo de sus manos. En una lista que alterna entre su primer EP y el disco de estudio homónimo editado hace algunos meses, las melodías van discurriendo con la naturalidad y la fuerza con la cae el agua de una catarata. Cristalinos en su actuar, pintorescos en su imagen y sólidos en el sonido. Con el lujo de Andrés Reboratti y Juan Pablo de Mendonca como invitados, la primera fecha del ciclo se termina como todo lo bueno.

Los aplausos vivaces contagian su energía, y no puedo más que pensar que venga, que la noche está en pañales. A recorrer la ciudad, que these boots are made for walkin´ y yo no tengo apuro, ni destino, ni nada que perder.  


Repite con nuevas sorpresas el viernes 20 y 27 de Junio, 00hs en Café Vinilo, Gorriti 3780

sábado, 10 de mayo de 2014

escribe el día su canción de sábado


la noche de sábado que se multiplica así:

Antolín / Ignacio Herbojo en Casa Brandon
https://www.facebook.com/events/458666800933932/?ref=2&ref_dashboard_filter=upcoming

Fémina tocando en Corpo en Patas 
https://www.facebook.com/events/835961626433965/?ref=2&ref_dashboard_filter=upcoming

https://www.facebook.com/events/250413035146702/?ref=2&ref_dashboard_filter=upcoming

el imperdible: Mateo de la Luna presentando "LA ENERGÍA" en Liverpool Bar... VAMOOOOO! 
https://www.facebook.com/events/546634252122386/?ref=2&ref_dashboard_filter=upcoming

Los Monkeyness tocando en ese lugar hermoso que es La Casa
https://www.facebook.com/events/485940271507623/?ref=2&ref_dashboard_filter=upcoming

jueves, 9 de enero de 2014

de la espuma, de las garzas, de las rosas


Y como quien no quiere la cosa, el calendario avanza y el primer sábado del año se hace presente. Repito una vez más la cita con Los Bombones de Murano, y este encuentro musical pleno de intimidad y melodía se convierte así en ritual. El santuario es nuevamente un Café Vinilo colmado y el horario es ese en el que la carroza se vuelve calabaza y las almas primorosas salen a respirar. En esta noche hermosa de plenilunio, Eugenia Brusa y su excelsa banda dan la bienvenida con el embrujo de esa lista de temas que deslumbra.

Y cómo no caer ante su encanto, cuando las canciones llegan así de esta manera, en la que uno no se da ni cuenta, el carutal reverdece, el guamachito florece y la soga se revienta. No sé qué tienen sus cuerdas, no sé qué tiene su percusión, no sé si será la trompeta o el encanto de su dulce voz que domina mis antojos y a mi sangre vuelve loca. Contagian con sus vibraciones intimistas, y cualquiera puede creer que también ama, llora, canta y sueña con claveles de pasión.


La forma en la que ejecutan su música transporta, y puedo imaginarme la luna que se quiebra sobre la tiniebla de mi soledad. Pero dejándome arrastrar por su inigualable encanto, Los Bombones me transportan y entonces qué importa saber quién soy, ni de dónde vengo, ni por dónde voy. En esta noche plena de quietud, con su perfume de humedad sólo me queda recordar este show que de principio a fin cubrió el salón con un manto proximidad y regocijo, mis ojos mueren de llorar y mi alma muere de esperar. ¡Qué la próxima presentación en vivo no se haga desear!

lunes, 18 de noviembre de 2013

Como Alicia en su país


La noche de sábado está templada y amena. Muy parecida a “Cursi”, entonces. La luna reluce plateada, como si alguna celebración estuviera sucediéndose en su honor. Ivana Berenstein presenta EP y festeja su cumpleaños, todo en el mismo evento. La cita es después de la medianoche en Café Vinilo, y el escenario está preparado para recibirla como se merece. Hay corazones rojos colgando, peluches en cada pie de mic, luces tenues para el clima intimista y amigos y seguidores prestos a recibir a la cantautora y a Los Lunares.

 Estamos invitados a asistir al festejo, a aplaudir sus canciones que son pequeños universos, a disfrutar de la intensidad de su voz y de la suavidad de sus melodías. Su prestancia nos hace sentirnos parte, su contagiosa alegría nos llega. Conduce el show con gracia, pero nada le quita el foco a ese puñado de canciones que comparte de la manera más briosa. La lista va y viene entre el EP de presentación, “No te duermas”, “El hombre caja”, y algún tema inédito que se amalgama a la perfección.

Hay algo de barrera quebrada entre el escenario y las mesas que le da calidez al show. Los amigos invitados se suman para compartir el talento y las canciones, las intervenciones en “Protector en la espalda” agregan todavía más frescura al recital y la sala se transforma en ese mundo-Ivana donde todo es florido e intenso, donde el amor al panadero del barrio es tan cierto como andar miles de kilómetros hacia lo desconocido o bailar una danza de mosquitos.

Los Lunares la acompañan desplegando un profesionalismo que arranca aplausos. La batería de Fran Sardella está en cada detalle, Nicolás Nielsen tira magia a 6 cuerdas y el maestro Esteban Tereschuk mueve hilos invisibles desde el bajo. Ivana rasguea su criolla de la forma más grácil, su correa rosa de peluche es de nuevo una invitación a juegar su juego, a vivir ese cosmos paralelo. 

Como Alicia en su país, ella abre pequeñas puertas y regala en cada canción una llave para abrirlas y descubrirla, una pista para descifrarla. Quizás de eso se trate “Cursi”, una muestra más de ese universo musical que es exploración y misterio, donde la diversión es pauta y la melodía camino.

martes, 17 de septiembre de 2013

Brusa y los Bombones de Murano en Café Vinilo


El frío arremete en todas las esquinas. La ciudad solloza, las bocacalles acumulan el llanto de toda la semana. Me asusta quedarme adentro y que la tristeza se meta entre las sábanas, pero que no sea de esos amantes gentiles que saben retirarse cuando el sol asoma. La batalla está librada, me lanzo a la intemperie con mi mejor armadura, bufanda y capucha y meter paso firme a donde los joropos sepan dar calor.

Entrada la medianoche, en Café Vinilo se presentan Brusa y Los Bombones de Murano. Guaranias paraguayas, boleros imperecederos, valsecitos y alguna ranchera reversionada para dar cobijo al corazón del desconsuelo. En la oscuridad por ella propuesta se dibuja la belleza inconfundible de Eugenia. Rasgando una criolla sentada al borde del escenario, la fuerza de su voz nos deja tiritando mientras entona “Paloma Negra”. A pura cuerda, Los Bombones proponen los acordes de “Recuerdos de Ypacaraí”. Y la función va tomando luz y fuerza.

“La Malagueña”, “Mi dicha lejana” y el parpadeo de las velas en cada mesa crea un ambiente a plena intimidad, que hace justicia a la propuesta unplugged de la banda. En clave downtempo mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro salvador, el hombre de la percusión, van dejando circular una energía intensa y es esa sonoridad hipnótica la que invita a dejarse arrastrar por la ola rítmica de estos géneros musicales.

Promediando “Flores Negras” aterrizan los tambores y timbales. Ahora sí, caemos rendidos ante el encanto de “Rondando tu esquina” en versión bolero. “Brujería”, la interpretan y pienso que de eso se trata el show de esta noche, de esa magia que esconden los sonidos cuando responden al beat del corazón. “Qué tal te va sin mí”, ese canto desgarrador que se apacigua con “Vereda tropical”. Así son las cosas, en el amor y en la canción. La dulzura va de la voz a las cuerdas y de las cuerdas a los oídos. Ahí circula en zigzag por las carreteras de la oreja hasta encontrar el hueco por donde entrarle al alma y ahí se quedan estacionadas las melodías por un rato, hasta hacer brotar al amor, del que siempre algún resto queda.

Y el show es un espectáculo total. Eugenia tiene frescura, y Odín es su partenaire perfecto, dando por descontado ser diestro guitarrista. Gonzalo Santos también lo es, y suma una trompeta para dar grata compañía a la lista de temas. El contrabajo ronronea furioso en las manos de Sebastián Copani y la percusión, tarde pero seguro, en los dedos de Sebastián Morán devuelve un aire renovador.

Pedimos bis, porque el encanto no se rompe tan de repente. Brusa y Los Bombones de Murano interpretan y enseñan y yo de aquí en más: amo, lloro, canto, sueño con claveles de pasión. 

miércoles, 19 de junio de 2013

Reina que reinas - Marina Fages en Café Vinilo



Todo queda seteado de la forma más precisa. Antolo creó el hábitat y nos dejó en la puerta. Marina llega para adentrarnos en las profundidades de ese bosque de sonidos de experimentación y oscuridad, de madera-metal. “Canción de Mene” para la transición, después la libertad de trepar “Acantilados”, de vibrar con la percusión experimental de otra reina de este mundo, Lucy Patané.

Entre animales salvajes y canciones que se abren en flor, el dúo que parió El Poder Oculto nos sumerge, agua de lluvia en la punta de los oídos. “Buen día, te quiero”, promete la sirena Fages. Pero ella sabe tan bien como yo, las palabras no alcanzan cuando en la mesa contigua las bestias están heridas o mudas: “La sangre en la boca del lobo”.

Hasta ahora, el viaje musical es impasible y perfecto. Cada sonido calculado, rebotando entre las paredes, del piso hasta el techo, como un centenar de flechas que rozan pero no lastiman, tanto. Veo la canción venir, y es un oso abriendo la boca y tragándonos. Desde ahí adentro parece irreal, pero Lucy en el banjo puede más, y se despiden con “Provincia”. Marina&Lucy al poder, no se diga más. 

El príncipe y su reino - Antolín en Café Vinio



La llama de las velas que están sobre las mesas dibuja sombras. Sombras que tiemblan al ritmo del rasgueo de Antolín en su guitarra. Una criolla negra con calcos y un millón de canciones. La maquinaria irresistible de su música se puso en marcha, no hay vuelta atrás. El príncipe trajo desde La Plata toda su fauna musical, y Vinilo se transformó en su reino.

Sobre las sillas se agazapan lobos del bosque para escuchar al encantador de cocodrilos, tiburones y panteras. Al compás de “Días del futuro”, sentimos las estrellas apagarse antes de brillar mientras la luz de esos himnos de soledad y pandillas nos abraza con fuerza.

“El desierto de Sonora”, “Anti- El Oso”, “Amor y joyas”, en ese orden o en cualquier otro, cada una de la lista va aportando un pedazo del rompecabezas. Cuando finalmente está completo, mirar alrededor es descubrirse en el centro del bosque, viendo el momento justo en el que un rayo fulmina la torre.

Es que la suavidad de su voz desgarrada y la certeza en cada acorde son la combinación letal. El resultado es la música que trasciende y atraviesa, y en ese lapsus temporal, estallan los relojes y los espacios. Antolín nos llevó de viaje por paisajes infinitos, una vez más.

El retador del peligro nos desafía: “Panteras en el parque”, porque bien sabe que El susurro de las estrellas nos puede sanar. Sobre las mesas, brindamos con copas que rebalsan de vino tinto trucho, porque sabemos que es el único antídoto del que podemos valernos para no morir.