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miércoles, 19 de agosto de 2015

lunes, 31 de diciembre de 2012

CICLO LA EXPANSION – Bad Manu – La Ola Que Quería Ser Chau



Estuve aquí mismo hace tan poquito tiempo que descanso tranquila en la idea de que todo va a estar más o menos igual de muy bien. Pero soy presa de la sorpresa, todo acá está dado vuelta! Mi brújula acaba de estallar en cientos de pedacitos imposibles de reconstruir. Claro que, demás está decir, me gusta el cambio, el movimiento continuo, el reciclaje de ideas y espacios.

Subo a visitar a mi amiga la terraza confiando en que una bocanada de aire puro y fresco vaya a devolverme el sentido de la orientación. Acá arriba los banderines multicolores flamean, pero me asusta la luna casi llena, el cielo oscuro invadido por nubes movedizas que imprimen formas siniestras en claroscuro.

Si llegara la medianoche y no pudiera disimularlo más? Las uñas convirtiéndose en garras, los dientes filosos como las estalactitas más australes y unos colmillos enormes, bestiales. El cuerpo desnudo, refugiándose detrás de una mata de bello feroz. Noche de luna llena, los hombre-lobo quieren rock.

Son el precalentamiento. Tienen la energía de los que eligen temas breves, letras lozanas y muchas cuerdas. Tienen también presencia, aguante, ganas y fans fundamentalistas de su música moderna, pogo entre eternos adolescentes. Bad Manu sube al escenario para divertirse, y esa diversión es contagiosa y expansiva.

La Ola Que Quería Ser Chau sigue la misma línea, pero le añade un poco más de psicodelia. Hay un títere colorado y un bidón de agua (vacío, claro) que van a resistir imbatibles hasta el final.

A estos chicos no les importa nada, eso piensa mi cabeza mientras mi cuerpo bailotea al ritmo de sus melodías pegadizas, de sus canciones cortitas de letras púberes. Como si fuéramos un grupo de escolares rebeldes en su último año, viviendo cada instante a pleno.

Se arma un pogo violento entre viejos conocidos, amigos infernales. El reci es bien arriba, meta grito, coros, bata y cuerdas. Suena la pandereta, y el bidón casi nada. El cierre es, cuanto menos, caótico. Lo extienden más de la cuenta, como niños dándose cuenta que llegó el final del juego, y se encapricharan en resistir.

Con toda seguridad puedo decir: noche aguerrida para los hombre-lobo.

domingo, 23 de diciembre de 2012

CICLO LA EXPANSIÓN: Mateo de la Luna en Compañía Terrestial – Nieva Adentro – Tobogán Andaluz


Ya pasó la medianoche y el mundo no se transformó (aún) pero MATEO DE LA LUNA EN COMPAÑÍA TERRESTIAL  ya empezó a tocar (recién) y WOW, qué bueno que está! Qué pena saber que van a terminar, maldita finitud de lo bueno. Es el segundo tema, y yo ya me convertí en una entusiasta apasionada de sus canciones breves e intensas, de su ritmo atroz y juvenil, de sus voces invencibles. Viaje sideral, en la Luna se la pasa de 10.
Llega el turno de NIEVA ADENTRO, los escucho con desconfianza porque su disco colgado en bandcamp no me deslumbra. Pasan las primeras canciones y me arrepiento infinitamente de haber desconfiado de ellos.  Algo en ella me hace pensar que es Alicia, entonces su música es la ruta a Wonderland. Decido que conocer un grupo es, por lo menos, haberlo visto tocando en vivo. No hay disco de estudio que capte la magia que ahí se genera. Aplauso sostenido para la banda toda.
Me cuesta encontrar las palabras que reflejen  fielmente lo que sentí cuando en El Club Del Arte TOBOGÁN ANDALUZ tomó el control. Una verdadera fiesta musical, quizás de eso se trató el show de la banda del Facu. Por propiedad transitiva llegaba al público la energía transformadora que el trío genera en el escenario y todos fuimos una y la misma masa moviéndose al ritmo andaluz. Hay pogo, hay mosh, hay músicos amigos subiendo y bajando, las cuerdas de la guitarra que se cortan, los fanáticos coreando a viva voz los estribillos, los cuerpos exudando la más pura de las felicidades. La fuerza descontrolada de estos 3 me hace pensar: OK, llegó el 21/12/2012 Dónde moriré? Pues si lo hago aquí no estaría nada mal…

sábado, 22 de diciembre de 2012

CICLO LA EXPANSIÓN – Festival de Verano: La Suma de Todas Las Partes


¿Dónde me gustaría estar si fuera cierto que en unas horas el Mundo tal como lo conocemos va a evaporarse? Me asusta haber desacertado en mi elección. Quién no tuvo ese mismo temor, quién no se equivocó para luego resurgir de sus propias cenizas. Sólo que esta vez no hay lugar para el error: hoy el apocalipsis y yo ya jugué mis cartas, en el 26 rumbo al Club del Arte.
Sea como fuere, las buenas noticias no tardan el llegar: la dicha está en la terraza. Ubico enseguida la luna, la miro fijo un rato, cuento las estrellas que luchan por mostrarse brillando entre los bloques de cemento que las esconden recelosos mientras Cancioneira canta un arrorró hispanoamericano que me emplaza en el aquí y ahora. Entonces me conecto con el momento presente, me relajo y dejo que mi mente divague con el susurro de su guitarra y la dulzura de su voz. El pibe que lee poesía lo hace bien, lo que comparte a viva voz y es de su autoría me gusta, otra grata sorpresa en la noche final.    
 Pero la ansiedad me juega una mala pasada y bajo corriendo las escaleras que flotan y amenazan un prematuro papelón, sólo por suponer que quizás abajo esté pasando lo que estoy esperando, el fin.
Me gusta estar disimulada, escondida entre los que vinieron sabiendo lo que los esperaba y lo eligieron a conciencia y esto es lo que son y no tienen que andar disimulando por los rincones, como yo.
El caos de tránsito que es esta Ciudad bendita los días de compra de los papá noeles de último momento hizo que todo se retrasara mucho más allá de lo que los organizares previeron, y el Festival de Verano promete para largo. Veremos qué nos depara.

lunes, 19 de noviembre de 2012

CICLO LA EXPANSIÓN - Diego Martez + La Familia de Ukeleles




Es Noviembre, pero el calor en Buenos Aires está marcando un nuevo récord. Me cuesta acostumbrarme a la impuntualidad del rock, pero llego lo suficientemente temprano como para formar parte del microcosmos. Estamos en familia, puedo sentirlo. Lo veo en la charla relajada, en la cerveza de litro compartida que apenas pasa por el vaso porque todos allí necesitamos escaparle a los 30°C.

Justo cuando el calor empieza a confundirme, el acorde mágico del Accidente de Las Ligas Menores que está sonando como parte de la música funcional que nos prepara para lo que se viene se ve interrumpido por la guitarra, por mi desconocida, de Diego Martez, y me pregunto: a ver qué tal el indie esta vez… Y lo resumo así: se trata de la expansión del escenario, de la conquista del público nuevo, ajeno y de una voz criolla, campera que invita en un momento a una voz muy dulce y armoniosa a unirse, y viajamos cruzando la General Paz.

Ahora sí: el escenario se atiborra de esas guitarritas chiquititas, de pies descalzos y de ella, su belleza y su look tan pin-up!  

Completamente unplugged, esta maravillosa Familia cautiva desde la selección cautelosa de un reportorio de éxitos de los 50´s y 60´s. Imposible no sonreír mientras los vemos reacomodándose en el escenario, moviendo los pies al ritmo de las ingeniosas ocurrencias sonoras de Capdeville.

El cuerpo se separa de la mente, porque ella se fue viajando a la década del swing y está bailándose todo! Cerrar los ojos y sentirse flotar, eso es La familia de Ukeleles hoy. Ya no nos importa el calor, lo único que queremos es bailar suavecito al son.