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martes, 2 de septiembre de 2014

Sábado de película - Bestia Bebé & Valentín y los Volcanes en el Salón Pueyrredón


El relato fragmentado, como sucede los días después de que se decreta que hay fiesta en el barrio. La primera escena que llega tiene lugar en la madrugada del sábado, en el legendario Salón Pueyrredón. La Bestia Bebé tocando. Una vez más, es noche de vagos, patrullas, terror. Llegamos hasta acá tratando de encontrar un nuevo bar en la ciudad para ir, trenes que no andan más y las viejas F-100. Desde el vamos, se repite la misma imagen, cada vez con más fuerza, cada vez con más voces: cuando explota la popular, todos juntos vamos a cantar. Y ahí están todos, entonando los himnos hiteros a más no poder. La boca pastosa, otra escena sensorial: después de lo que te pasó, sé que es muy difícil seguir.

No importa, todo va a estar bien, no me expliques. Hay una de Bonitas Páginas que te va a levantar y ahora por fin: estamos bien, estamos muy bien. Busqué otras formas de pensar, otras formas de actuar. Pero esta vez, me sale así. Un personaje: Luchador de Boedo, ese que será siempre para el barrio el gran campeón. Una promesa: si bien, todos se olvidarán… todos, menos yo. La escena final: hey-ho ramonero al ritmo de Embajada Boliviana. Una idea descabellada: hay una banda nueva, y es de las más grandes que hay. Podrán nacer nuevas estrellas, podrán gastar muchos millones más, pero a la Bestia Bebé… nunca lo podrán igualar!

Todos los sábados del mundo. Todos los sábados del mundo y yo acá, viendo a Valentín y los Volcanes cerrar la fecha. Si todo lo que me hace bien, es justo lo que me hace mal. Y todo lo que me hace mal es lo que más disfruto yo. Miro el reloj, el tiempo no existe. Hace horas que pasó la medianoche, hoy he envejecido un poco más. Mala suerte, soy el hijo de la oscuridad. Prendidos fuego todos los clichés, la banda de Jo, el gran hombre de este planeta, se apodera del escenario. Toma uno: Todos se fueron, todos menos vos y yo. Frente al escenario hay una danza amistosa. Crujen los pisos, aunque hayamos dejado de caminar. Tendremos tiempo para creer, ahora resta entregarse y bailar. Nuestros caminos, nuestros destinos. “Vamos, vamos, baila conmigo esta noche”, Eso pide cada acorde de los tracks de la lista, pegada en el piso, con un poco de cerveza que se volcó en sus esquinas.

Le dan Play al viejo walkman blanco y todo cobra su sentido adverso: cayó la noche a la ciudad, los terremotos siempre están adentro de casa. Toma dos: Dejemos todo y vámonos de esta ciudad, los chicos de Orense no dormirán jamás. La heroína de la historia, Mi pequeña Napoleón, a quién irás a conquistar en este día, si los días felices no están hechos para vos, y el tren que pasa muy lento te habla de amor. Y cada día será una noche, mientras tu madre te extraña. Toma final: En el futuro te volveré a ver, adonde sea que sea que estés. Aunque tenga que tomarme todos los Plaza que atraviesan ese universo cuadrado. Porque, hay que admitirlo, siempre es lo mismo: nuestra casa está fuera de la gran ciudad. 

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Larga vida a mozcu.com


Llego al Festi pasada la medianoche. Sé que seguramente me perdí las bandas inaugurales, me lamento en el camino pero todo se esfuma cuando escaleras abajo me reencuentro con Unione e Benevolenza. Uno de los primeros recintos under donde transpiré música independiente. Se me llena la boca de recuerdos, la piel sensible a los golpes bajos, los pies arrastrados por los rincones viejos. Me acuerdo cuando los chicos contaron con ese entusiasmo con el que encaran el proyecto que estaban preparando una fecha, el  brillo en los ojos, el empuje de siempre. La tiraron como fecha tentativa, el 06 o el 07 de diciembre. Parecía que todavía una eternidad nos distanciaba, pero por fin llegó, como llega todo.

Bajo, entonces. Estamos los mismos de siempre. Felices, de festejo. Eso es lo que pasó durante toda la noche. De eso sí me acuerdo patente, aunque todo lo demás esté medio borroso. Medio viciado por el calor de los cuerpos, por los nuevos invitados al mundo subterráneo, por los saludos en el pogo, por los saltos de acá para allá, las gargantas de fuego. Sé que vi el show de Mi Pequeña Muerte y volví a pensar que “El triunfo de la paz” es un poemario en forma de álbum. Que la banda tiene un sonido contundente, aunque el equipo no le haga justicia. Lo lograron: hay fuego en la mitad de mi mundo. Un puñado de canciones, bien puestas, y pasar a lo que sigue: Mi Amigo Invencible.

Con uno de los discos del año a cuestas, los oriundos de Mendoza hacen vibrar el piso de madera. Los que estaban dispersos se agolpan contra el escenario, y alguien que los descubre por primera vez dice, con asombro entre los lunares, “ninguno está al pedo”. Bien, quizás descubrió la fórmula secreta: alcanzar el equilibrio para que el todo sea muchísimo más desgarrador que la suma de las partes. Por ese lado se explora y se llega al mejor momento. Mariano baja del escenario con la guitarra, y toca un rato entre la gente. Es lo mismo, somos uno. Se despiden del escenario con “Ajeno”, y los versos de Ricky sangrando en todas las bocas, que aúllan felices y violentas. Ese huracán de sonido fue Mi Amigo Invencible, dejándonos tan perdidamente vivos.

Este hermoso manojo de homeless sureños sortea algún obstáculo, se acomoda finalmente y jamás temen lo que profesan: “El terror al lugar común es el nuevo lugar común”. Son flashes que vienen y se van, risas que se mezclan con acordes de “Todos los sábados del mundo” saltos con Jaz, Silvio y Ari, coros, y algo que me llevo para siempre: cuando reís, algo queda en mí. Y para esta altura, el festi es una gran fiesta entre amigos, entre fanáticos de fanáticos. Nos damos las manos y cantamos juntos, nos abrazamos en el pogo o al costado, porque la verdad que esos saltos están lindos pero bravos. Y antes de que la batería se acabe por completo, Valentín y los Volcanes se despiden hasta el 2014.

Tobogán Andaluz la descose. Eso hacen cada vez que tocan en vivo, y esta noche no es la excepción. Pero hay algo además de eso, algo mágico y sagrado que sucede cuando Facu y los suyos la agitan arriba. Rito musical que se hace carne, que te pone la piel de gallina y la voz furiosa. Una atrás de otra, como martillazos en la cabeza que te la hacen estallar. Y pasa de nuevo lo que tantas veces nos alejó del abismo: los cuatro se multiplican, como un milagro. El escenario se desborda, todos los que están involucrados en la misma causa, de una u otra forma, comparten el momento. Lo deshojan, lo beben de a sorbitos para que no se acabe rápido, lo celebran con todo lo que tienen y lo que son. Y eso claro que se contagia, y que recuerda. Quiero ser más precisa. Reviso mis anotaciones, no me entiendo la letra. Son hojas y hojas llenas de palabras deformes. Apelo a la memoria. Ahí se formó algo: una sensación. Algo profundo, transparente y sencillo: felicidad. La consagración de un proyecto que se lleva todo mi apoyo y afecto, el Festi-Mozcu dejó tela para cortar para rato, y miles de pensamientos que se entrecruzan por todos lados. Pero lo que seguro no es indiferente es la contundencia y seriedad del proyecto. Larga vida a mozcu.com, AMEN!

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Baile de Salón


Es sábado y la noche llega como la calma después de la tormenta. Se hace tarde, pasan las primeras bandas pero el balcón me tiene hipnotizada. El Salón se ve un poco desértico, pero los que estamos vinimos decididos a pasarla bien. Sé que cruzaron la cordillera, y ese gesto libertador me obliga a acercarme hasta el escenario. El acto reflejo frente a los sonidos nuevos: emparentarlos a los conocidos, buscarles parecidos para poder asimilarlos. Categorizar, ingresarlo en alguna de las carpetas. Me veo tentada por mi instinto, pero desisto. Dejo a los expertos para que lo hagan, yo me quedo con las sensaciones que me recorren mientras Intimate Stranger toca en vivo. Esa calma contenida, ese equilibrio en la melodía. Tessie por momentos parece desplegar unas alas negras, imagen que se me hace ejemplificadora de su música. Dream-pop del lindo, tienen buena presencia en el escenario, se mueven seguros, y si bien la presentación es breve, alcanza para absorber la energía de la banda y sumarla a las filas de las favoritas.

Valentín y los Volcanes, y esa historia que se repite: nos piden que eliminemos la barrera imaginaria que nos separa de ellos, nos piden que bailemos. Lo hacemos, siempre tan público obediente. Me alcanzan los dedos de las manos para contar los temas que tocaron, pero no es que eso importe, porque la intensidad de una canción se mide en otra escala. Siempre tan bien dispuestos a divertirse, con un chiste al borde del mic, con un guiño para los que los siguen. Y así, anarquizados vamos de un lado al otro moviéndonos al ritmo, esperando que lleguen los rayos del verano mientras saludamos a la tormenta y huimos de algún cazador. Un tema nuevo se cuela en la lista, lo abrazamos como si ya lo conociéramos y mientras esta noche muere conmigo y todo parece terminado, una última canción viene a salvarme para siempre, después del rayo de la desilusión, ahí donde los despojos se hacen melodía y las valijas están cargadas de felicidad. Entonces, que Jo y los suyos estén encabezando esas filas no sorprende. 

martes, 22 de octubre de 2013

El asesino de Santa Claus, Valentin Y Los Volcanes


“Sobre todo, rojo”,
dijiste como a quien la vida se le va en eso
yo te mostré las manos
te presté las flores que me crecen en la punta de los dedos
vos te hiciste un té y deliraste
la sana costumbre que mantiene a flote a cualquiera
cuando atacan desde las trincheras
salís barrenando las olas y silbando bajito
conocés el secreto del compost vital
me culpás por abrir ventanas hasta el infinito
tocaste fondo, aunque después de los 40mts haya más
sabés que se puede estar peor de lo que se está
pero escondés el sol en algún lado, lo sé
te imagino haciendo castillos de arena
y cuando llega el mar para comérselos,
vos ya no estás
“sobre todo, rojo”
lo di vuelta, casi un chiste, una invitación
el color de los gendarmes "fasistas"
de las bocas del nordeste
un país tropical puede ser líquido de alta densidad
o el reflejo de un vecino en el parabrisas
que dice que va a tocar el timbre para las Fiestas


lunes, 2 de septiembre de 2013

Después de fundar el club de idiotas adorables


La cita es en el Matienzo el último jueves de invierno, aunque la temperatura en la ciudad niegue la estación. La terraza es la principal aliada para mitigar la espera. En algún rincón me siento a mirar la gente llegar, y me despido de la locación que tantas noches de algarabía me regaló con nostalgia, pizza y birra.

Antes de que suenen las campanas de medianoche, NUBES EN MI CASA copa el escenario. La voz de Josefina va desplegándose por encima de las capas de sonido de ensoñamiento que son las canciones de Me suelto y vuelvo, último disco de la banda. Intensidad de paisajes que van sucediéndose entre tema y tema, el público lo recorre desde el suelo, sentados al pie del escenario. Suenan como esa caricia después de la caída, el soplido sobre la herida, ese alivio que llega en el momento justo. A puro pop, pero del intenso y variado, logran crear el clima propicio para el inicio de una noche que promete ser larga. Se despiden con “Mareo”, la canción que cierra su primer disco, y se retiran del escenario como si se los hubiera llevado la corriente, pero el mar quedó agitado.

Es el turno de MINISTERIO DE ENERGÍA, estos paladines del synth pop que arrasan con un sonido tecno, que llega a los oídos con frescura y compás. Pero para que la ola energética nos arrastre, falta todavía salir del trance. Aún están los cuerpos echados en el piso, ¿por qué están todos sentados?, pregunta el primer entusiasta alzando la mano e invitando al agite. Las canciones llegan desde su disco debut El mundo today, e inundan el recinto con ese efecto de expansión que alcanzan desde los sintetizadores hasta las guitarras. Piden más teclado, pero claro, si de eso se trata. “La música nos transporta donde ya nada importa”, así reza la letra de “Caminar”, y bien podría ser esa la oración que resuma el show que da la banda esta noche.

La pasarela que regularmente se abre entre el escenario y el público desaparece. Es que VALENTÍN Y LOS VOLCANES da la patada primera con “Piedras al lago”, canción incluida en Play al viejo walkman blanco, disco editado en el año 2010 que los posicionó como referentes de la escena independiente platense, y que se ganó un lugar de privilegio entre mis favoritos. Es que Jo hace poesía de la cotidianidad y eso es siempre un lindo mimo. “Punto santa clara”, justifica la trama de su chaleco celeste y el gusto por hacerlo uno mismo. Jo es adorable, tanto, que fundó el club y todo. Resulta que depende de la óptica desde donde se lo vea. Mi maestro me enseñó a meterme y saltar para vivirla y contarla. Y ahí estoy, con la voz en llamas y los pies bailarines. La gente del lugar pide que no saltemos, inútil que lo hagan. Si toca Valentín, no se puede estar quieto. Suenan bien, su música es sublime, la energía está circulando. Facu Tobogán es, una vez más, un chico de Orense. Responden al pedido de bis y desde la oscuridad se despiden con los últimos temas. Otra vez más estos homeless platenses le devolvieron a la ciudad la energía que su ritmo citadino aniquila. 

miércoles, 19 de junio de 2013

El ritual de los días felices - Valentín y los Volcanes en Salón Pueyrredón


La música vuelta silencio fue la desaparición del reino de lobos y panteras. Antolín & Marina dejaron Vinilo intacto, fin del hechizo de su música trascendental. Yo, por mi parte, llevaba tantos vamooo atragantados, que tenía el pescuezo croando. Fui a vomitar ranas a Salón Pueyrredón, allí mi reino: mi pequeña Napoleón, secundada por mi gurú de esmeralda y el rey de la birra. Nada podía fallar.

Casi nada, la música del entretiempo fue un suplicio y el sonido de Valentín y los Volcanes en el arranque lastimó un poquito. Pero ni el ruido desafinado de todos los instrumentos, ni los cables pelados gimiendo a destiempo, ni la falta de entendimiento entre el sonidista y el homeless más lindo de todos pudo frenar la estampida de canciones de juventud eterna, brillando en esa oscuridad.

Salen disparadas como flechas, “Los días felices”, “10.000 reflejos”, “Piedras al lago”. Ping pong entre Play al viejo walkman blanco y Todos los sábados del mundo. Pogo en las inmediaciones de la valla imaginaria, amigos que saltan y cantan al compás, los de siempre. “Vivimos una semana en un pueblito costero”, revela Jo y esas palabras me entristecen, yo quiero ser también una chica de Orense.  

Kosinski la agita hablando de un ritual, el “ritual del baile”, aclara el guitarrista de cobrizos cabellos agitados. Jo arenga, se la dedica a “nuestro pueblo inundado”, y los valentinos nos dan con su artillería pesada, “La novia robada”, “Baila conmigo”,  “Parque cerrado”. Fiesta en el Salón, otra vez, otra fiesta, y van…

No hay tiempo para el bis, pero no nos quejamos porque suena “Pararrayos”. Masa de cuerpos balanceándose, chocando, arriba y abajo hasta flotar. Las voces de este puñado de homeless trenzándose en el aire. Todos empapados, la diferencia de temperatura adentro/afuera es la que nos va aniquilar. Pero no nos preocupa para nada, el ritual de los días felices se cumplió. Amén. 

jueves, 18 de abril de 2013

Un valle de homeless - Valentín y los Volcanes en La Trastienda



La Trastienda tiene ese no sé qué que me cautiva pero no me seduce por completo. Como ese compañero de laburo con el que curtís, pero no terminás de dilucidar si te gusta por costumbre o si genuinamente es tu elección. Sea como fuere, es uno de los reductos a los cuales podés invitar al chico que te gusta pero no tiene mucho under encima, y eso le da una ventaja. Además, el sonido es prolijísimo, cosa no menor en el mundillo de los antros indies.

Más temprano que nunca, debidamente advertida por fallidos anteriores, estoy allí firme al costado del escenario pero presente justo a tiempo para 100.000 Reflejos, la canción que me da dolor de cachetes de la sonrisa inmensa que no me puedo contener. Pequeña Napoleón es el himno que le dedico todos los días de mi vida a mi hermana y guía, y escucharlo en vivo es siempre una caricia a mi alma hecha de nostalgia y amistad. Piedras al lago, ese abrir de ojos que busco cuando dejo girando “Play al Viejo Walkman Blanco”, y Baila conmigo, el empujón que a veces necesito para agarrarlo de la mano y que bailemos con una excusa universal.

En fin, Valentín y los Volcanes se lucieron con una lista cortita pero apropiada, lograron derretir el frío de afuera y la timidez de adentro, nos llevaron a los confines de la melodía sureña hecha canción, nos dieron ese abrazo de ritmo dulce que necesitamos para recibir lo nuevo. El gran hombre de este planeta y La novia robada son la despedida. Abrir las puertas para “Agua, Sal y Fiebre” y las ventanas de los corazones que con un dolor dulce miran al sur y extienden rieles que traen hasta acá trenes cargados de estribillos que cuentan de las revoluciones mundanas del espíritu homeless.

sábado, 30 de marzo de 2013

La música que respiro - Mateo, Valentín y Bicicletas en Salón Pueyrredón


Salón Pueyrredón, una estrella a cada lado del cartel y así fue siempre. Las ventanas abiertas de par en par dejando entrar el aire viciado que llega desde la emblemática Avenida Santa Fe, las escaleras de mármol, la barra y su modesta oferta, la mesa de discos. Y así, sin más, el show empieza.
Facu de invitado y suena “Lo que más quiero”, pauta de que estamos frente al momento convertido en un clásico de los shows en vivo de Mateo de la Luna. El ventilador hace que el pelo flote por el aire, como tanto me gusta, y lo deja viajando por la galaxia, eliminando el mal del universo. Los pájaros me llevan al fondo del océano, ese es el mundo en la luna que propone Mateo.
Todavía hay una  distancia que separa al público del escenario, una barrera invisible que nos mantiene alejados y contenidos, y así vamos a permanecer. Ni el ritmo sentido de “Como una rana” va a hacernos saltar esta noche, pero eso no quita que los chicos no estén sonando fatal, con toda la energía terrestial que los caracteriza. Breve pero intenso, a su paso dejan el aire atiborrado de bravura y potencia.
Yo, por suerte, tengo la mía al lado. Me gusta escucharlos en vivo cantándole la canción con la que bauticé a mi Pequeña Napoleón. Valentín y los Volcanes armó un playlist impecable, honrado la re-edición de Todos los Sábados del Mundo, y  eligiendo los hitazos de Play al Viejo Walkman Blanco, disco emblema dentro de mi reproductor de Mp3.
Algunos momentos en los que los parlantes devolvieron ese sonido intenso con el que se entregan los valentinos y ya no fue posible quedarse quietito en el lugar, aunque la fiebre se mantuvo contenida, el estallido a punto, pero reservado: “Los chicos de Orense”, “El gran hombre del planeta”, y la despedida a todo trapo con “Pararrayos”. Y a esta altura, ya estoy hecha.
Bicicletas arranca con “12 Peces”, y después ya me adivinan con mis ojos mirando siempre desde lejos, como un agujero negro más. Llegó el momento del rock en estado puro. El público y el ritmo tienen una esencia más ruidosa que cancionera, toma el protagonismo la sonoridad salvaje de las cuerdas, el beat rockero de la bata, los teclados implacables. “11 y 20” es todo lo que estaba esperando, y no me decepciona en lo más mínimo. Hunden el Salón en su power rock repleto de canciones intensas, penetrantes.
Una fecha que ofreció pluralidad de géneros y lo mejor en cada uno de ellos. Embriagada de música y asustada hasta la médula, me retiro de Salón y me despido hasta la próxima, porque el río va hacia el mar.

lunes, 25 de febrero de 2013

Festipulenta Vol. 16 – Día 1 - Parte II



Me sorprende gratamente la multiplicidad de ventiladores colgando por las paredes, me gusta el piso bicolor, me divierten las escaleras que conducen a lo que imaginamos será un camarín (una recámara chiquitita, pero no una re-cámara chiquitita. Pero cómo será un re-camarín? Suena a contradicción). Feria de libros, comics, algunos discos de edición independiente, remeras caseras para llevarse a casa. Me gusta el aire indie que lo invade todo y ese ambiente familiar y de fiesta, de delirantes que transformaron en real el entusiasmo por el under, por vez nro. 16.  

Y así, asomándome a esto por vez primera, en el medio de mi descubrimiento llega el turno de CARMEN SANDIEGO, la banda uruguaya que cruzó el charco para venirse a tocar acá. Y mi vida seguirá siendo la misma después de verlos, pero le agregaron magia a mi noche. Los charrúas la saben agitar, el orden en su lista de temas tiene una coherencia que refleja su estilo. Bajan y suben, las cuerdas explotan, la batería vibra. Buenas voces, buenos coros. Me hicieron saltar, abrieron mis venas un poquito, mi sangre rioplatense hirviendo apenas. OK, voy a confesarlo: con Piba Chorra me canté todo!

Recupero el aliento, pero sólo por un momento. Mi corazón se agita, mi pulso se acelera y mi alma está por salirse del cuerpo. VALENTIN Y LOS VOLCANES en el escenario. Arrancan enrocados, presentando una canción de Jo que suena deliciosa, son 4 minutos de puro amor antes de volver a los lugares de siempre.

Qué puedo decir de estos hermosos valentinos que no se haya dicho ya, pero lo que despiertan acá abajo, de eso sí. Este grupo de homeless en el que enseguida nos transformamos cuando coreamos con la garganta de fuego esos estribillos agridulces, bailando en círculos infinitos tomados de la mano para no caer, pero sí flotar. Aspirando gota a gota las notas de ese cover de Daniel Johnston que se fuga enseguida, y así es como se da esa magia volcánica que nos transforma en pequeños napoleones buscando conquistar el día más feliz. 

miércoles, 26 de diciembre de 2012

MUSIC IS MY GIRLFRIEND - el inicio



Es la quinta edición de esta fiesta del indie y yo no puedo dejar de reprocharme qué estuve haciendo los últimos 4 años. Pero como nunca es tarde cuando la dicha llega estoy chocha de coronar el 2012 siendo parte de este ciclo, que en esta oportunidad tendrá sede en el viejo y querido Ciudad Cultural Konex, que va a bifurcarse en 2 escenarios, multiplicarse por 17 bandas y regalar de yapa muestra de diseño y feria de sellos independientes, Papá Noel salta en una pata.

VALENTÍN Y LOS VOLCANES
El sol calienta las cabezas de los valientes que nos animamos a traicionar a la luna este sábado para llegar tempranísimo a verlos. Los 5 firmes plantados en el escenario eligen compartir su estado anarquizado para presentarse y en seguida nos toman de la mano para pasear por temas que habitan Todos Los Sábados Del Mundo.
Jo con su panamá y su suavidad contagiosa saluda, agradece y va enmarcando cada tema antes de lanzarse por completo al avismo que proponen sus canciones de amor y rebeldía adolescente, sus letras que celebran la fe infantil en la eterna juventud.
Un cover doblado al español en homenaje a Joe Strummer ameniza la tarde, y llega el turno de la canción compartida con el loco lindo de Facu Tobogán mientras yo muero por conseguir el título de Chica de Orense, dispuesta a pelear con los pesos pesados que toquen en suerte para obtenerlo.
Baila Conmigo anticipa un final a todo trapo, me dejo violentar por la furia contenida en ese Gran Hombre de Este Planeta y llega de repente el adiós precipitado a una de mis bandas predilectas.

EL VIOLINISTA DEL AMOR Y LOS PIBES QUE MIRABAN
Banjo, trompeta, guitarra, acordeón y percusión; tiradores, camisas adentro de elegantes pantalones y sombreros y chambergos para las 5 cabezas que mezclan sonidos que se pasean entre la canción popular melodramática, pasando por country western y diferentes folklores del mundo. Sé que se trata de cabaret oscuro y que ellos mismos dicen llevar en sus notas musicales aires de revolución.
Los contemplo desde abajo, y conjeturo lo siguiente: si la noche hubiera llegado ya y en nuestras venas se mezclara la sangre latina con un poco más de alcohol, no podríamos no saltar y bailar en cada canción.

FRANNY GLASS
Solo, con la confianza puesta en su guitarra, en la fuerza de su voz, en la gracia de su lírica prolija y sus acordes limpios y pegadizos.
Sus ojos rioplatenses se esconden atrás de un par de lentes oscuros, pero igual su mirada de niño crecido a fuerza de cruzar el charco penetra a través de su repertorio sonoro, puesto random entre sus 3 discos. Sus canciones son esas pequeñas historias hechas de tristeza de domingo a la tarde, de almohada que sobra después de la peor de las rupturas amorosas, de bronca que se amasa desde pequeño contra la injusticia del mundo adulto.
Suena lo que es un himno para mí, la canción que puso a Franny Glass adentro de mi corazón para siempre y mientras rechinan las cuerdas de su guitarra cierro los ojos y le pido a Papá Noel que me traiga paz en las noches y alegría en las mañanas, y alas para que vuele como un ave en otoño. 
Cortito y al pie, el paso de Franny por el MMG es todo un éxito uy. 

lunes, 19 de noviembre de 2012

TURDERA FEST – Valentín y Los Volcanes





Bajo el marco del Festival Turdera se presentó Valentín y Los Volcanes en el Centro Cultural Matienzo. Sobraban las cervezas de litro y las pizzas caseras y aunque los vasos constituían un bien escaso supimos acomodarnos a la situación y disfrutar el show bajo el cielo limpio en una noche fresca de primavera.

El repertorio se paseó entre su flamante Todos Los Sábados del Mundo y ese Play al Viejo Walkman Blanco donde guardan pequeños tesoros de tres minutos y medio.

La banda liderada por Jo Goyeneche supo llevar con cadencia y buen ritmo un show en el que no faltó la conexión con los fanáticos que supieron encontrar el momento para poguear un rato ni los amigos acompañando: Facu Tobogán se subió al escenario para detentar su condición de Chico de Orense.

El Matienzo supo acogernos de muy buen grado, como lo hace siempre, y aunque nos quedamos con las ganas de un bis el paseo por la terraza y la visita a la sala con exhibición de afiches cubrió la falta.

Una vez más los Valentines cumplieron, y me llevo a la cama el placer de los días felices…