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lunes, 4 de enero de 2016

Ojos que ladran en el CCR


Era domingo, el calendario marcaba mediados de noviembre, y aún entrada la tarde el calor se hacía sentir. El sol pegaba de lleno en el patio del aljibe del Centro Cultural Recoleta donde la prueba de sonido estaba concretándose de manera natural y entretenida. Cálidas pero feroces, las féminas de la escena rondaban el lugar. El horario ATP sumó niños y mate, y cuando todo listo estuvo, arrancó Lu Martinez con su guitarra y su inmensa gracia. Convocada para abrir la presentación del disco de la Paula Maffia Orgía, Lu hizo un repaso por los temas incluidos en Realmente Grande, el LP donde debuta como solista y coquetea con el funk y el soul, sin dejar afuera al rock y al swing. Mete un cover de Luismi, para arengar a la masa. Su humildad, sentido del humor y buena vibra nos tienen a todos bien predispuestos. Con letras atrevidas y divertidas, con un muy buen manejo del improvisado escenario y su forma sencilla de conectar hizo las delicias de este principio.

Esos rulos indomables e inconfundibles, esa boca, siempre roja e inmensa. Esa femineidad al palo que cautiva y arrasa  con todo a su paso, su manera de llevarse al mundo puesto en el bolsillo o en el borde de sus borcegos. Tanta belleza, tanta frescura, esa sonrisa que es inmensa y perfecta, y que asoma a cada rato. Esa, ella, Paula Maffía, se planta al frente para la presentación oficial de Ojos que ladran, en el marco del ciclo "Discos Nuevos" de Estudio Urbano. Con banda completa e invitados de lujo: Rosario Baeza, Lucy Patané, Nahuel Briones, Jazmín Esquivel, Ignacia. Tocan todos los temas del disco, y suena como si le hubieran dado play. Prolijas, intensas, decididas. Un discazo, sin ninguna duda, que se atreve. Una banda que se las trae. Imposible no amar las canciones de esta loba y su jauría. 

miércoles, 20 de mayo de 2015

domingo, 9 de noviembre de 2014

Mar de caricias


Miro por la ventana y veo un parque, el sol se aprieta entre los edificios y se deja caer.  Los nenes deben estar encerrados en sus cuartos jugando a la play, porque no los veo en el cuadro del marco de la ventana, que es los ojos de uno de esos monstruos de cemento que me comen la cabeza. Hoy todo es calma, el sol ilumina y calienta, y la normalidad de esta estación parece cotidiana. Pero una semana atrás, Buenos Aires se ahogaba. Y en el caos que eran las veredas vomitando sin parar por el desagüe que no escurría, el infierno del agua estancada y de la furia hecha gotas, cantos de sirena acudían al rescate.

Un salvavidas construido en forma de ronda de canciones se pasea entre las mesas de El Universal. Son voces que suman voces que suman veces en las que la feminidad pare la escena independiente para dar luz y acabar con la tempestad. Hay un orden, un principio y un final. Kika Simone se anima y rompe el hielo, su sangre carioca eriza los pelos. Paula Maffia se metamorfosea de gato a pantera y arrasa con todo. “Acompañados es más lindo”, dijo y lo invitó a pasar. Mariana Michi es la simpleza de una solista en su silla con una guitarra, la receta que parece fácil pero es efectiva contadas veces. Jazmín Esquivel rompe las reglas de la distancia y se saltea el escenario. Después busca la luz para las fotos, como si de sus dedos no brotara la que es necesaria para hacerla brillar. Maca Mona Mu suena como todos los colores cantando al unísono, toda frescura y talento. 

El orden se alterna, hay otra vuelta. Se cruzan las voces, se invitan, se potencian. Flotamos en ese gomón de melodía fem. La noche termina, la lluvia es historia. Pero existió ese día, existe esa música, está viva la poesía. Cada quien con sus lecciones, yo ahora sé. Debería aprender a tejer. Y a nadar, y a hundirme, para volver a flotar otra vez. 

miércoles, 16 de octubre de 2013

Las Taradas de mi vida!

*foto gentileza de Natalia Tarullo Fotografía

Como cuando se abren las compuertas y los cautivos recuperan su libertad, con los cachetes rojos y el corazón gigante salimos a la calle a tomar aire y el bondi de vuelta a casa. Es jueves, bueno, al menos lo era cuando entré acá. Aunque la sensación sea de sábado. Camino las cuadras que separan al CAFF de Corrientes, y en una bocacalle pesco de oído una conversación entre ajenos que se repite igual que la última vez que fui a ver un show de Las Taradas. Uno le dice a otros que la chica de la guitarra tocó zarpado, y casi no habló, que es una genia. Están hablando de Lucía de Paco, la virtuosísima guitarrista que encarna Lucy Patané. Claro que lo que Lucy hace con las cuerdas es cuanto menos para sacarse el sombrero y aplaudir hasta que duela. Pero ninguna tarada se queda atrás.

En una equitativa medialuna, cada artista da lo suyo, y el equilibrio que se genera en el septeto es admirable. Calidad musical de la ostia. El contrabajo, en los dedos de Encarnación de Los Males (Lu Martínez), marca el ritmo constante, pero la prestancia es sin dudas el resultado del verdadero trabajo en equipo. Las Taradas saben lo que hacen, saben hacerlo de manera majestuosa, pero lo que más saben es divertirse. Y ese es el puente por el que canalizan su recital. 

Voy rebobinando mentalmente, y trato de pensar en qué andábamos antes de que se arme un caluroso baile adelante del escenario, de que Las Taradas y los tarados de su vida saluden todos juntos, antes de que Pángaro soliloquee como suele hacerlo, antes de que se ceben tocando unas cumbitas y yo sienta que  el cielo está en una canción bien interpretada, antes de que Lucio Mantel y Maricarmen Montenegro (Melisa Muñiz) canten a dúo y viajen en el tiempo, antes de que el maestro Mariano Gianni tire magia en el piano, antes de que Juan Pablo de Mendoza coopere para que el sonido estalle y Daniel Mayor no se quede atrás. Antes de todo eso, el CAFF está que estalla, la noche calurosa y estrellada, la cerveza agotada y la promesa de un reci inolvidable todavía no se cumplió. 

*foto gentileza de Natalia Tarullo Fotografía