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viernes, 8 de febrero de 2013

Proyecciones Fuera De Lo Común - Marina Fages




Marina es también la nave espacial. No es sólo un ser de otro planeta que compone e interpreta melodías que despiertan y ponen a vibrar fibras que sólo su música encuentra en nuestros cuerpos corrompidos y desvencijados para revivirlos y devolverles la luz, ella es también el vehículo de transportación a ese mundo de impresiones y sensaciones nuevas, buenas, transformadoras, que conmocionan y agitan el alma hasta hacerla renacer. 

Escucharla en vivo es darse un baño en su esencia pura y diáfana. Marina es un gigante diminuto, una ola expansiva que te envuelve en su mantra. Una hechicera, sirena de mar que hipnotiza con su voz y su guitarra, y no necesita más para enamorarnos y tenernos a su merced.

Su voz nos lleva por rumbos nuevos, Marina está presentando su disco, que es exquisito, y regala Provincia para los más melancólicos. El cambio que genera en mí es perpetuo, pero el hechizo dura tan poco que de repente me veo las manos coloradas de tanto aplaudirla. Y aún así, quisiera miles de manos más para hacerle llegar mi aplauso cálido de felicitación y admiración eterna.  

Para esta altura de la noche ya entablé un vínculo estrecho con esos vasos de litro, tan típicos del lugar. Pero ellos son tan enemigos de la concentración que, como suele sucederme en estos casos, no puedo prestar más atención y la proyección de la peli es para mí un rayo fugaz que ya pasó.

Me confieso, entonces: la peli ni idea, pero el evento en sí un gol! Me gusta pensar su sentido doble: PFDLC: cine + música o 1. acción y efecto de proyectar. 2. atribuirle a los otros lo que me niego a reconocer de mí.

jueves, 7 de febrero de 2013

Proyecciones Fuera De Lo Común - Mateo de la Luna en Compañía Terrestial


A las apuradas, corriendo para llegar al lugar donde quiero estar, preguntándome porqué no paso todo mi tiempo allá... Subiendo y bajando bondis, cruzando bocacalles ("boca, calle!") a las corridas, caminando ligerito, tropezando con los adoquines como si tuviera los ojos vendados y no pudiera disfrutar del camino.  

No veo nada, no escucho nada, no entiendo nada, lo único que quiero es llegar. Y llego. Trato de aterrizar, pero me cuesta, no estoy encontrando mi eje. Ese "nena" que llama desde la pantalla me trae de un tirón. Es Santiago Motorizado y todo eso nuevo que hizo... para mí? Ok, ahora sí: ya llegué. Arriba de mi cabeza ese ruido familiar que retumba entre mis orejas desde la infancia de pies bajando y subiendo escaleras, y por fin puedo decir como en casa. 

La paz me llegó justo para cuando Mateo se sube al escenario solito con su guitarra y su Big Bang, y es el momento en el que los corazones se salen de los cuerpos y flotan en el patio del Konex como luciérnagas brillando en la oscuridad.  

Llega el resto de la banda, y aunque extrañamos a Belén, los chicos tocan las de siempre y el alma festeja los ritmos suaves, mientras las letras se clavan en el alma como flechas de (des)amor. Mateo de La Luna en Compañía Terrestial es una banda deliciosa, como la manzana del Edén: tentadora, cumplidora, y al mismo tiempo apocalíptica. Son el principio del fin, del cambio rotundo y para siempre.

Escuchar una canción de ellos es volverse inmediatamente adicto a sus melodías melancólicas y verdaderas, y querer más. Por eso el pedido de bis llega al borde de la desesperación, y el final es el principio: acústico y solitario.

Embriagados por su música agridulce, llegan los aplausos rotundos y viscosos, y los despedimos con los ojos atentos, abiertos.