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sábado, 30 de marzo de 2013

La música que respiro - Mateo, Valentín y Bicicletas en Salón Pueyrredón


Salón Pueyrredón, una estrella a cada lado del cartel y así fue siempre. Las ventanas abiertas de par en par dejando entrar el aire viciado que llega desde la emblemática Avenida Santa Fe, las escaleras de mármol, la barra y su modesta oferta, la mesa de discos. Y así, sin más, el show empieza.
Facu de invitado y suena “Lo que más quiero”, pauta de que estamos frente al momento convertido en un clásico de los shows en vivo de Mateo de la Luna. El ventilador hace que el pelo flote por el aire, como tanto me gusta, y lo deja viajando por la galaxia, eliminando el mal del universo. Los pájaros me llevan al fondo del océano, ese es el mundo en la luna que propone Mateo.
Todavía hay una  distancia que separa al público del escenario, una barrera invisible que nos mantiene alejados y contenidos, y así vamos a permanecer. Ni el ritmo sentido de “Como una rana” va a hacernos saltar esta noche, pero eso no quita que los chicos no estén sonando fatal, con toda la energía terrestial que los caracteriza. Breve pero intenso, a su paso dejan el aire atiborrado de bravura y potencia.
Yo, por suerte, tengo la mía al lado. Me gusta escucharlos en vivo cantándole la canción con la que bauticé a mi Pequeña Napoleón. Valentín y los Volcanes armó un playlist impecable, honrado la re-edición de Todos los Sábados del Mundo, y  eligiendo los hitazos de Play al Viejo Walkman Blanco, disco emblema dentro de mi reproductor de Mp3.
Algunos momentos en los que los parlantes devolvieron ese sonido intenso con el que se entregan los valentinos y ya no fue posible quedarse quietito en el lugar, aunque la fiebre se mantuvo contenida, el estallido a punto, pero reservado: “Los chicos de Orense”, “El gran hombre del planeta”, y la despedida a todo trapo con “Pararrayos”. Y a esta altura, ya estoy hecha.
Bicicletas arranca con “12 Peces”, y después ya me adivinan con mis ojos mirando siempre desde lejos, como un agujero negro más. Llegó el momento del rock en estado puro. El público y el ritmo tienen una esencia más ruidosa que cancionera, toma el protagonismo la sonoridad salvaje de las cuerdas, el beat rockero de la bata, los teclados implacables. “11 y 20” es todo lo que estaba esperando, y no me decepciona en lo más mínimo. Hunden el Salón en su power rock repleto de canciones intensas, penetrantes.
Una fecha que ofreció pluralidad de géneros y lo mejor en cada uno de ellos. Embriagada de música y asustada hasta la médula, me retiro de Salón y me despido hasta la próxima, porque el río va hacia el mar.

viernes, 28 de diciembre de 2012

MUSIC IS MY GIRLFRIEND - el desenlace



Cayó la noche sobre los cuerpitos de los que vinimos a ser parte del festín, algunos por 5ta vez consecutiva. La sensación térmica se despopja de los grados que le andaban sobrando, y nos deja la materia corpórea en estado  óptimo. Cada quien tendrá sus preferidos, pero aún así, vamos todos de un lado para el otro, de adentro hasta afuera, desde afuera hacia adentro, para disfrutar las conocidas o bien para conocer las que nos sean nuevas, divididas entre el patio que respira y el escenario que se encierra. La parte final del festi toma la siguiente forma: 

VALLE DE MUÑECAS
Una eminencia de la talla de Manza al frente de una banda cuyos acordes son impecables, su sonido tiene el justo equilibrio entre la fuerza de una topadora y la delicadeza de la caricia de una pluma. 
Hoy se trata de disfrutar de las melodías cuidadas de la banda así: tirar una lona, esperar que caiga finalmente la noche y quedarse atrapado por un rato en el Valle de Muñecas, ese pequeño descanso, esa bocanada de aire limpio arrancado a esta ciudad que se derrite y se hace caldo de oxígeno enviciado y vencido.
Larga vida a Manza, a sus Muñecas y al Valle a donde nos invita a pasar, animarse a abrir la puerta para salir a jugar.  

VIVA ELÁSTICO
Quizás el nombre de la banda es ya un adelanto de la plasticidad de su muśica, de la fuerza y la peculiaridad que emana en cada canción la inconfundible voz de Ale Schuster, de la maleabilidad con la que los sonidos de un bajo hiperactivo se mezclan con los sintetizadores.
La cosa es que me siento tocada cuando Viva me descubre y se ríe de mí, porque le causa gracia que sea así, TAN tonta! Pero yo los conozco a estos chicos modernos, todavía están atrapados en su Complejo Adolescente, histéricos que no llaman porque necesitan sentirse populares y les va un "Ok, llamame vos". 
Viva Elástico es un viaje por los sinuosos caminos de la búsqueda de la felicidad, por el horror y el desconcierto que genera el implacable paso del tiempo, por los altibajos inevitables que se atraviesan persiguiendo el equilibrio.
Y toda esa energía se transmite y llega al público que los corea con el corazón al desnudo, puesto en el tope de la garganta que grita los estribillos, que celebra los riffs que inauguran algunos de sus clásicos, y por el crecimiento de una banda que hace honor al pop, componiendo con cabeza y corazón.

EL MATÓ A UN POLICÍA MOTORIZADO
El Chango es puro amor. OK, no me voy a contener más: Lupe al pogo. 
Esas dos frases cortitas intentan resumir la grandeza que veo y siento en la música de El Mató. Dos frases de 7, 8 palabras porque lo verdadero y puro no debería necesitar pompas para ser dicho.
El Mató es para mi un canto de sirena que engaña y obliga a dejarse caer por el abismo hasta el fondo del mar, de la música mejor que hay en ese fondo al que se llega después de haber pasado el tiempo explorando la superificie, separando lo que sirve de lo que ya no, lo que apasiona y eleva el alma y da felicidad, y seguridad y nos abre la cabeza, y nos la parte a veces y nos regala sin pedir nada a cambio. Y yo caí, gustosa, en su rock sencillo pero efectivo. En su sonido rockero que envuelve y eleva, que es original porque se nutre sin plagiar.
Escuchar a El Mató es entrar en trance, ser parte de una santa ceremonia. 
Sería injusto decir que El Mató A Un Policía Motorizado fue lo mejor del Music Is My Girlfriend, porque no es así. Pero en mi caso, sí fue la que más disfruté con el oído, con el alma y con el cuerpo. Esa entrega, honesta e inmaculada, es la que genera en mi el amor que se desliza en cada acorde.

BICICLETAS
Sube Bicicletas al escenario de la Sala E y me figuro una imagen de cowboy contemporáneo venciendo el paso del tiempo y las distancias, batiéndose a duelo con su principal arma de combate, las 6 cuerdas de su guitarra. 
Los escucho atenta mientras me doy cuenta que en mis venas corre más rock del que yo pensaba, porque la banda me tiene agitando como hiciera antaño.
Exceden la fórmula clásica guitarra-bajo-batería y apuestan agregando teclados y algo modernoso en la percusión. Pero esto que escucho es rock, de todas formas, y agita de lo lindo.