martes, 14 de octubre de 2014

martes y empieza la semana!


¿Cómo arrancaría una Lupin esta mini-semana...?

a puro sabol con Flor de Mambo en Vuela el Pez!

remítase al siguiente link, si desconfía: http://loquepasaque.blogspot.com.ar/2014/10/flor-de-mambo-en-vuela-el-pez.html



folkie del bueno, en La Casa del Árbol, de la mano de la Open Folk Night

Planeador, Pol Nada


 las cosas crecen, mueren o se van


quiero entender que es lo que tengo que hacer con tantos poderes que me dejaste

ahora tengo que dejar que pasen los días


amen y hagan lo que quieran, no te desanimes dan documentales sobre el alma


Pol Nada, un músico increíble
Te vamos a salvar, un disco increíble

viernes, 10 de octubre de 2014

viernes de música y vinito, según Lupe


otra noche de música y ♥♥ 




en el Caldas:

Flor de Mambo en Vuela el Pez


Imaginación y duda se mezclan: ¿Qué hacen 10 amigos que están aburridos? Eligen un puñado de canciones en clave son montuno, conga, trombón y trompeta, bautizan a la banda Flor de Mambo y antes de que el año expire, encauzan una serie de presentaciones en uno de los centros culturales más bonitos, y aún en pie.

Con la galantería de siempre: sus paredes despidiendo arte, el patio adobado, y unas ¿nubes? suspendidas en el techo, tanza de por medio, Vuela el Pez aloja el ritmo y el color en este martes inaugural. Causalidad que sea justo en la víspera del fenómeno astrológico de Luna Roja, esos contados días en la historia universal del Planeta en los que el único satélite natural de la Tierra ingresa en el cono de sombra terrestre, que es el túnel que el planeta proyecta hacia atrás al ser iluminado por el sol.

“Somos una banda de mambo”, sentencia el manifesto en una propuesta donde las voces no están en primer plano. 6 vientos, percusión, batería, bajo y teclados resguardados por atriles donde las hojas se van sucediendo al correr de las canciones. “Politécnico”, “Cerezo”, “Jambo”, “Camaleón”, “El ruletero”, y todas las otras que también/tan bien se amoldan a la consigna: rico, caliente, sabroso baila este mambo vicioso… FLOR DE MAMBO!

Cada cual tendrá su bati-señal, y sabrá con qué armas acudir al llamado. La mía sonó promediando el recital: “Que baile esa niña entonces, que baile esa niña ahora, que mueva Lupita ahora”. Respondí con mis mejores movimientos, y no era la única: algunos arrinconados se descalzaron para hacerle compás con el cuerpo. Se siente toda la calidez cubana atrás de las notas, se percibe la complicidad amiguera atrás de las trompetas, y la noche de martes engaña viernes de ritmo y sabol. Algo de gozosa serenidad, risueña ensoñación a principios de semana.

Metamorfosis, ser por un rato Jim Carrey en La Máscara, con esa sonrisa inmensa, maravillosamente encantadora. Esa sonrisa que de tan grande esconde algo siniestro. Pero aquí lo que valió fue la afirmación contundente: sí, sí, sí yo quiero mambo, mambo! 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8… MAMBOOO, juuuú!


A prepararse, se vienen más: todos los martes de octubre, 22hs en Vuela el Pez  - Córdoba 4379 Sabol!

martes, 7 de octubre de 2014

Las cosas que se ven con los ojos cerrados


"un disco que es lo que me quisiste decir", dicen que dijo Lupe que dijo Amparo que dijo Lourdes



No te amo pero puedo quererte bien










Te fuiste enojada y yo se que estuve mal 
me arrepiento






Pedime que vuelva y yo vuelvo 
el orgullo de lado

domingo, 5 de octubre de 2014

Aventuras por los tejados - El Botis Cromático en El Universal


Los fenómenos de la naturaleza  son, fueron y serán completamente independientes de la voluntad humana. Sin embargo, comparten con ella algunos de sus rasgos más singulares, por más extraño que resulte. Hablo del capricho. Hablo del frío y de la lluvia un jueves de primavera en la ciudad autónoma de Buenos Aires. Capricho de que llueva durante días, en esos días en los que las humanas estadísticas pronostican sol. Y amor. Que aunque no lo veamos, siempre está. En ese marco de extraña comunión entre lo humano y lo salvaje, el Botis Cromático cerró el catálogo de presentaciones de su show “El gato con Botis”. Aventura músico-estroboscópica co-protagonizada por Julián Gándara en cello, teclados y magia.

El Universal fue, una vez más, la pista elegida para que la nave cromática aterrice junto a los sortilegios estratégicamente preparados para este viaje. Despuntan los primeros acordes y es inmediata la metamorfosis del entorno. Ya no es esta ciudad, ni este país, ni es este mundo. Estamos en el universo de Botis, en ese laberinto que despliega y se enrienda entre canciones y sonidos e historias que van encerrándose unas a otras, en espiral ascendente. No es sólo una melodía y su letra, es la creatividad puesta al servicio del que esté listo para esta expedición.

Botis toca, y no es sólo jugar con las cuerdas, es su habilidad para valerse del entorno y crear una fábula que cobra vida en ese preciso momento, y que es única e irrepetible, e hizo de cada aventura en el tejado una travesía singular. Botis canta, pero es un juego de palabras que se da entre un tema y otro, es eso que excede a la lista que está escrita pero que jamás quedará claro si se respeta. Artesano del discurso, transforma en mensaje la risa que provoca un dragón en nuestra época. Una mirada reflexiva que se esconde debajo de un sombrero que casi tapa por completo sus ojos inmensos, profundos, oscuros pero transparentes.

Su inventiva no tiene límites, y presenta un adminículo acompañado de una parábola para invocar al gato, pero que el llamado sea lo más argento que se pueda. Se calza la máscara del espíritu del monte para entrar en clima. “El Umbral” pegadita a “Niño” y cuando estamos por sucumbir en el mundo onírico que nos propone, llega del mismo dúo lo que ahora es “una banda de heavy mental” de one-hit wonder en el que explica qué hacer con un dragón nacido en pleno siglo XXI. Le pide al gato que ponga garra, y cuelga del cello el respectivo utensilio. “Tenemos dos cumbias”, anuncia. Y sabemos qué esperar cuando confiesa en clave rallador que los mató por amor o expresa su enamoramiento en jerga obrero de la construcción. Llega la hora de la desprogramación, con un Robotis con la voz de fonito y que es un autómata azulado por encima de su cabeza. Prende la máquina del tiempo con esa llama que hace perdurar un rato más el viaje ancestral. Afinador orgánico, dos orejas gigantes. “Tumbas del amor”, y se van con una de Megadeth justo antes de blanquear la propuesta: volver al niño que somos, divertirnos y disfrutar, mirar con los ojos de la curiosidad y la sabiduría de la intuición.

Todo esto, condensando en apenas un rato. Ahora, toca volver. Desandar el laberinto. Aceptar la contradicción, y en la compañía de lo que no fue despojarse del bien, despojarse del mal y saber que existe un lugar donde mueren las nociones, nacen los sentidos. Poder volver ahí, acá, a estas canciones que hacen creer que las fábulas de las alas nunca descansarán. 

miércoles, 1 de octubre de 2014

Camino del espejo - Pizarnik + Casagrande + Filba



Concluyó el 6° Filba Internacional en Buenos Aires. Así y todo, esa idea de fin quizás sea injusta. Pasó de largo, pasó de todo, pero algo queda. Y de ese cúmulo de propuestas que pasaron pero perduran, elijo ésta:

SECCIÓN: TINTA ACTIVA
23.30 - LA OREJA NEGRA
PARTICIPAN: CASAGRANDE, ​FERNANDO NOY, BERNARDO ZABALAGA
Si bien es cierto que tanto en la obra como en la vida de Alejandra Pizarnik, el prisma de lo trágico es clave para leer y comprender sus obsesiones y búsquedas, también lo son el humor, lo lúdico, el universo infantil, la pasión por las posibilidades del lenguaje y la irreverencia crítica. Un día después del aniversario de su muerte, con la colaboración del poeta Fernando Noy, el colectivo poético chileno Casagrande busca conversar con el espíritu de la gran escritora argentina.
(Cupo: 60 personas).

De todo, de todo menos una constelación. Me imaginé un grupo de teatro, me imaginé una performance vanguardista, me imaginé algo circense, quizás hasta me imaginé a todos los fantasmas de Alejandra haciendo telas. Niñas de seda que viven en el Árbol de Diana formando una fila al borde del escenario; espejos rotos hablándole a un micrófono, multiplicando la noche pálida; flores pequeñas danzando como palabras; bosques recreados con las hojas arrancadas de sus mejores poemarios. Me imaginé de todo, de todo menos una constelación. Sí, estuve perezosa para descifrar la trayectoria del colectivo Casagrande. Y quizás esta vez, por única, haya estado bien la flojera de voluntad. Un círculo. Casagrande adentro. El médium. Sentados formando otro círculo que lo cubre, como si lo protegiera, que lo encierra y se conecta. Respiramos hasta flotar. Nos perdemos en pensamientos que se van deshilachando hasta deshacerse por completo. Nos deshacemos en respiraciones rítmicas que nos despegan de ese saco de huesos y carne y cartílagos maltrechos. Los velos se van descorriendo. Se inicia la ceremonia. Entre irreal e inverosímil, somos guiados. El corazón bombea como en cámara lenta. Las palpitaciones se calibran. Que lluevan las preguntas, que lloren los espacios que quedan siempre entre una palabra y otra, entre cada letra. Esos agujeros que son el decir, el nombrar lo que no tiene nombre, lo que está ausente o lo que fue siempre ausencia y aunque no estuvo vuelve para respondernos lo que queramos, porque sabe que la respuesta no existe, pero sí las palabras que aunque mentira siempre nos calman. Todo es profunda paz. Sólo que, no quiero esconderme: me quiebra el espíritu el encuentro con su fragilidad en la escena. Me conmueve, me conmociona, me emociona también en ese agujero que es el surco que dejó el barco que partió llevándola. 

Fernando Noy. Buscar palabras que hagan justicia al intentar explicar lo que es Alejandra en la voz de Fernando. Lo que son sus dedos acariciando las hojas, la suavidad con que las pasa como si esa fuera una caricia en la mejilla de la niña Alejandra, la seriedad con la que elije cada texto, como si en esa decisión se jugara el reinado de la princesa Pizarnik. Su frescura, como un aire que agita las pesadas hojas de los árboles que habitan los bosques densos de donde cuelgan los libros de la poeta maldita, la poeta eterna, la poeta. La. De todo, de todo menos una constelación. Eso es la poesía de Alejandra Pizarnik, algo más allá de los límites de la imaginación, de las posibilidades, algo más allá, donde pocos se atreven a ir, a volver para contarlo, y a quedarse. Aunque alguien diga que la imaginación no tiene límites, pues tampoco las imposibilidades.