lunes, 13 de enero de 2014

jueves, 9 de enero de 2014

de la espuma, de las garzas, de las rosas


Y como quien no quiere la cosa, el calendario avanza y el primer sábado del año se hace presente. Repito una vez más la cita con Los Bombones de Murano, y este encuentro musical pleno de intimidad y melodía se convierte así en ritual. El santuario es nuevamente un Café Vinilo colmado y el horario es ese en el que la carroza se vuelve calabaza y las almas primorosas salen a respirar. En esta noche hermosa de plenilunio, Eugenia Brusa y su excelsa banda dan la bienvenida con el embrujo de esa lista de temas que deslumbra.

Y cómo no caer ante su encanto, cuando las canciones llegan así de esta manera, en la que uno no se da ni cuenta, el carutal reverdece, el guamachito florece y la soga se revienta. No sé qué tienen sus cuerdas, no sé qué tiene su percusión, no sé si será la trompeta o el encanto de su dulce voz que domina mis antojos y a mi sangre vuelve loca. Contagian con sus vibraciones intimistas, y cualquiera puede creer que también ama, llora, canta y sueña con claveles de pasión.


La forma en la que ejecutan su música transporta, y puedo imaginarme la luna que se quiebra sobre la tiniebla de mi soledad. Pero dejándome arrastrar por su inigualable encanto, Los Bombones me transportan y entonces qué importa saber quién soy, ni de dónde vengo, ni por dónde voy. En esta noche plena de quietud, con su perfume de humedad sólo me queda recordar este show que de principio a fin cubrió el salón con un manto proximidad y regocijo, mis ojos mueren de llorar y mi alma muere de esperar. ¡Qué la próxima presentación en vivo no se haga desear!

vas como una motoneta - Vos siempre te olvidás, Cosmo


la lluvia de 22 años regó tu jardín

esperando

flores

mano



vos sos la peor canalla que yo conocí


la última vez que nos vimos me hiciste reír

Sucio y desprolijo, Pappo


nostalgia por los grandes

jueves, 2 de enero de 2014

Noche de vagos, patrullas, terror



No había terminado el año todavía, y ya el caos patrullaba la ciudad. Se comía, de a uno, los cien barrios porteños haciendo volar por el aire las placas de hormigón, deglutiendo semáforos sin pausa pero sin prisa. Entonces, mientras en un suponer entrerriano me preguntaba qué va a quedar de las bandas incendiarias, en Ladran Sancho Las Ligas Menores ya estaban rompiendo la barrera del calor. Con un pie en la distorsión y otro en el pop cancionero, disparan canciones breves pero intensas. En menos de dos minutos, con “De la mano” pueden hacerte estallar. Las Ligas tienen un encanto difícil de describir, pero que se percibe enseguida en “El Disco Suplente” y se potencia en su simple “Renault Fuego”. Y eso que es magnetismo puro llega directo a la cabeza cuando están tocando en vivo. El show es una atrás de otra, sin parar. No necesitan gritar para hacerse escuchar, no necesitan posar para que su talento se vea. El pogo se arma adelante, desafiando la temperatura corporal. Todos hermanados en esa sopa vaporosa, festejamos la victoria de “Crecer” y todo ahí arriba pasa de la manera más linda. 

La vara allá arriba, Bestia Bebé duplica la apuesta y el lugar está en llamas. La batería marca contundente el compás de cada tema, el bajo no da tregua y el duelo de a 6 cuerdas en el que todos ganan. Están algunos de los pibes de las figuritas desparramados por el lugar. Esos son los que agitan, los que siempre agitan y hoy no perdonan, ni por todo el calor del mundo. La Bestia suena muy bien, “Sabés!”, “Wagen del pueblo”, “Lo quiero mucho a ese muchacho”, y la lista se pone cada vez mejor. Claro que se ríen, que hay guiños, que las pausas son también parte de la diversión. Un cover de Antolín, un regalo de cumpleaños para Nat. Lo que sea que toquen es hit. Barrio, fútbol y amigos, ¿qué otra cosa puede importar? Tom y los suyos terminan, pero el caos sigue del otro lado del lugar. Te pregunto si estamos para seguir con la gira. Entonces, no tuve más miedo: Vos y yo nos vamos a salvar. 

miércoles, 1 de enero de 2014

pelucas volaron - Baccarat + Los Peyotes en La Ideal



Le digo al calor bochornoso que aunque me quiera persuadir de lo contrario, yo amo a Buenos Aires y al bajo, y le susurro al asfalto, que es bruma y smog, “un viernes de Diciembre salgo a disfrutarte”. Y hecha la promesa, no queda alternativa. Derritiéndome en el asiento, hasta Suipacha al 300. La fila se extiende sobre la calle, la temperatura no baja de los 30° aunque la oscuridad de la medianoche luche por borrar los rastros ardientes del rey sol. Me distraigo en las columnas que sostienen el edificio, en las escaleras. Una reina del otro lado me recibe de la mejor manera, la dulzura se esconde debajo de rulos castaños.

Unos covers para despuntar la noche, hasta que se anuncia al músico platense que cambió las diagonales por la ciudad de la furia. De punta en blanco, la pequeña orquesta que acompaña a Pángaro esta noche toma posición en el escenario, y acompañado por sus bellísimas coristas se acomoda en el centro de la escena.

Una postal, una foto que cobra vida. Eso parece Baccarat esta noche. Cada canción va dándole sustancia a la imagen, y “Silencio” es la primera retro de la lista. El dandy de Constitución sabe llevar la velada, y acompañarse de músicos que no escatiman en talento. El sonido no acompaña, pero la diversión está siempre asegurada mientras el whisky discurra en el vaso del anfitrión. “Torero” y su coreo, “Estatua de Nylon” y el final a todo trapo con “Lluvia dorada”. Una vez más, corazón contento cuando baila al ritmo de Baccarat. 

Algo diametralmente opuesto: llega el turno de Los Peyotes, y el show gira unos 180°. Parados frente al escenario, los cuerpos sudan y se mueven, vibran al ritmo del garage rock sixtie que disparan estos cavernícolas totalmente entregados. Me gusta el salvajismo que proponen, la intensidad total de esos acordes crudos. La vieja escuela, ahora que los veo en vivo entiendo de qué hablan los que saben cuando usan el término. Sí, estoy en trance yo también, la versión garagera de mí misma que no conocía. Hay bandas que se entienden mejor cuando se las ve en vivo. Y así, con la ciudad prendida fuego y la intensidad del a go go, Los Peyotes volaron pelucas. Si alguna ve la mía, por favor, que la devuelva. 

qué harás conmigo al despertar - Mal Mortal, San Martin Vampire


no

soy

quien 

pensás