martes, 10 de diciembre de 2013

Melodías para combatir el verano



Hay vida, a pesar de todo. A pesar del cementerio donde duermen los muertos que siguen asomados por el paredón, pero ahora con cara de pregunta por el final inesperado. (¿Cómo no te dije que me gustan tus dedos, porque son flacos y largos como vos?). Hay vida, y se está juntando en la puerta del Caldas, invadiendo la vereda hasta el cordón. Pero una vez que se cruza la barrera humana, se descubre este pequeño territorio que desborda calidez en cada rincón. Prestar atención a cada detalle, a cada cosita que está puesta en cada lugarcito. Acá adentro, en las gradas de madera, se siente templado, acogedor.  

Pasa un rato, y atrás del telón se descubre la Pequeña Orquesta de Trovadores. Y se los ve tan acordes, medio apretujados, llenos de sonrisas y relajación. Nos dan la “Bienvenida” y ya todos los dispersos están orientados al escenario, acomodados para entregar la atención y el corazón al show. La formación suena en equilibrio, fundidos en una melodía equitativa donde cada instrumento llega a los oídos y se disfruta en su medida justa. “¿Estamos colgando mucho entre tema y tema?”, pregunta Santiago. Y recién cuando lo dice entre risas me doy cuenta. Hasta ahora, era como si todos fuéramos parte de la misma masa. No hay diferencias entre este y ese lado. “Ey doctor” viene con trombón invitado, el talentosísimo Lautaro Schachmann se queda y acompaña algunos temas más.

Las canciones van discurriendo, el ritmo va incrementando y lo que prima es clima de jolgorio que se contagia enseguida. Se siente bien, es eso. Es esa sensación que dejan algunas bandas cuando tocan en vivo, que se parece a una mezcla entre felicidad y serenidad. Es esas ganas de estar ahí, disfrutando, moviendo la ´piernita y aplaudiendo fuerte el final de cada tema. Después de repasar algunos hits, “Los seis amigos del revolver”, “Una noche”, “El roto” se vuelven a esconder atrás del telón. El recital fue corto, pero justo y preciso. Dejó el clima propicio para que pase el que sigue.

El turno de Los Niños, que presentan su disco homónimo, pequeña joyita del año que hipnotiza por fuera y por dentro. Esa caricatura en blanco y negro, un poquito siniestra pero encantadora. El shortcito, las medias altas. Con una diestra zurda, arrancan los acordes de “Los Autos”, canción que también inaugura la placa. Y hay algo de densidad que encanta, de sonido que envuelve con un halo más aciago. Juan Manuel pregunta desde el escenario, con un muñeco colgándole del micrófono, si están sonando bien. Mi respuesta mental: con la flor de banda que tenés, no podrían sonar de otra manera! Hay algunos superhéroes, no sólo porque su bati-símbolo lo indique, sino porque hacen maravillas con sus instrumentos. Y claro, una indiscutida superheroína, ese sonido de trompeta que nace de su garganta me deja perpleja, como la dulzura de su voz.

“Daniela” es una canción hermosa, que me hace pensar en la inocencia de un jardín de infantes. Aunque la letra no se trate de eso, las asociaciones son a veces caprichosas, pero felices. “Enroscada” nos obliga a chiflarle al violinista, y “El vecino” quizás apele a la reflexión. La lista va ganando fuerza, “Bailemos” es una invitación que suena hermosa. Los Niños también saben divertirse y contagiar esa alegría. El final es, por segunda vez, demasiado pronto. Pero esta vez, se hizo participativo y solemne. Todo el Caldas canta el himno al héroe, y en ese clima de unidad la banda se despide.

Seguro esta costumbre de salir a respirar a la calle vaya de la mano del espíritu del lugar, yo miro de nuevo el cementerio, pienso en los héroes que la guadaña se llevó y en los que están por venir. En el medio del pensamiento me veo tarareando alguna canción trovadora, o cantándole a Daniela yo también. Con la batería cargada, sigue la gira. Pero esa es otra historia. La que acá termina se lleva un montón de melodías para combatir el verano.

vos y yo... - Tres, Nico Canedo


esa misma pregunta de siempre, de antes:

...y esa otra persona que no sé quién es


martes, 3 de diciembre de 2013

Noche de perla, de plata y marfil



Hay noches donde el disfraz de reina en construcción queda supeditado a un delantal. Y esa fallida princesa me recibe tomando la sartén por el mango, una en cada mano, tan segura de que el amor es lo que va a salvarnos. Entonces, llena un vaso de hielo y baila sola, el reflejo de su felicidad en el ventanal del comedor enceguece. ¿Está bailando sola? Es muy probable. Como una ráfaga, está de paso. Pero está, y es tan cierta como esa mamadera de Campari de la que alimenta a su loca ansiedad. Tomó clases de folklore por youtube para esta recital. Si a veces es tan desquiciada que me conmueve. Y en eso llegamos a San Telmo, con el corazón temblando de ganas de bicicletas y jazmines del país.

Falta todavía, pero la espera es de esas que se vuelven plato principal. Ainda Dúo es dulzura en estado puro. La suavidad de las voces, la armonía de las cuerdas y la calma de su lírica es la llave. Se abrió la jaula y el alma está de paseo por una “Zamba por vos” y moja los pies en esa “Canción para bañar la luna”. Entre propias y ajenas, el show es la calidez de quienes sencillamente comparten un puñado de canciones, sin calcular el efecto apaciguador que esto puede tener.

Turno de Las Crème Brûlée. Si lo resumo en “playa y risas” quizás me esté ahorrando los detalles, pero no la esencia. Carisma de esos que contagian, diversión sana e ingeniosa, sonido viajero. Que se quede el infinito sin estrellas, pero que esta banda siga con su derroche de amor y locura, porque su pedido recibe atención de inmediato, le damos bola, sin dudas. “Un hitazo para mover las cachirlas”, anuncian Lexi y su sensualidad infinita. Y es uno atrás de otro y piden bis mi cintura, mis pies y mi chifladura.

“Tanga, sunga; tanga, sunga; tanga, sunga”, así prueban Los Tabaleros sus mics. Sí, estos folkloristas modelo 2000 la bardean, pero es un bardo lindo. ¿Están hablando de hacerse adicto al crack y fumarse el pasaporte? Así parece. La seriedad llega con “Mi amigo el rey”, pero dura poco. En el piso de arriba, mi propio “Jazmín del país” aplaude. Qué manera de despertar el animal con esas canciones de tierra adentro. Si esta oración alcanzara para describir la fuerza con la que esas voces se alzan, la potencia de las cuerdas, la precisión en la ejecución, el vigor del bombo legüero, la grata sorpresa de la percusión. Fede Petro acompaña en el bajo. La lista de temas va ganando en empuje, y para el final el Lolita Fest rankea dentro de los festis del año. Casi nos dejan sin vale otra, pero vuelven con “Zorro”, y ahí sí, se retiran victoriosos. Me quedo con las ganas de dar pruebas fehacientes del tutorial chacarero que descargué para esta noche, pero de cantar los hits, de eso sí que no me quedé con las ganas. Ellos saben: el pecado tiene piernas… y me encantan!

Me quedo pensando en lo que me llevo de esta fecha. La reina murió, volvió a ser la cenicienta de siempre. Pero el eclecticismo de esta noche es su tesoro. Tres propuestas casi opuestas que conviven y alimentan todos los gustos. De los shows como estos aprendo que la diversidad es siempre un trofeo, los gustos son infinitos, y probar algo nuevo es siempre bueno. No quedarse ni con las ganas ni con el miedo. 

ir o venir - Canción para volver, Gaby Colman


una de esas canciones que me hacen pensar que aterrizar y despegar ,a veces, son lo mismo 

lunes, 2 de diciembre de 2013

A-Lix visita a los Casi


otra emisión de los Casi Casi que te va a dejar sin aliento:
A-Lix en vivo, sisisisisisi! 

Las coplas alegres de mi ciudad


Noviembre se va. Deja una estela, un caminito de pequeños hitos que seguro más adelante nos volvamos para cosechar. Que por más inesperada que seas, alguien te espere, que la mística se multiplique por tres y que los días se fundan en noches que amanecen y en tu cama algo dorado descanse. Pensabas en mudanzas, en lugares que se expanden, en otros que se exilian, y algunos nuevos que llegan. De Tte. Benjamín a Pringles, porque Almagro también siempre estuvo cerca. Pero puede pasar que sea una noche de jueves hermosa y esas bandas que te gustan compartan una fecha en el Matienzo.

Entonces, Los Animales Superforros arrancan con el warm-up. Algunas canciones de “Coplas”, otras nuevas, a editarse en su próximo disco, prometen. Las voces están enfrentadas entre sí, se desafían con miradas regalando sus perfiles al público, que de a poco quiebra la quietud. Charango, flauta, sampler. Música que suena a psicodelia del altiplano, provocando que la sensorialidad se despierte como un animal en cautiverio. Melodías que invitan a cerrar los ojos, que dan ganas de soltar el cuerpo y ver qué pasa si… Algún bailarín se adueña de ese espacio privativo que marca la distancia con el escenario y el movimiento se vuelve contagioso. Antes de tocar la que siempre espero, el show termina. Misión cumplida: subió la temperatura en el lugar, los animales están liberados, estos superforros son energía en estado puro.

Hay tantos recovecos todavía por recorrer. Están los pasillos para acá, para arriba, y para allá; las escaleras todavía vírgenes de pintadas; la terraza, gloria de aire limpio y estrellas; y la simpatía atrás de la barra. Distracciones que atentan, dejo pasar a Hipnótica sin querer. Pero llego a la primera fila para Francisca y los Exploradores. En plan trío y enchufados. Una faceta casi opuesta a la que vi por última vez. Diferente, pero con la misma intensidad y potencia. Un sonido más rockero para “Chica de la Playa”, “De su sal” y la canción con la que los conocí “Contraindicaciones del pensamiento”. Los sentidos siguen encendidos, recibiendo el brío de la música de Francisca, donde cada canción es un pequeño viaje a ese universo que explora la inocencia como un arrebato de serenidad atemporal. Cada tema un mundo que describe y abre puertas. Yo me dejo guiar por el sonido y es como si la electricidad me recorriera las venas. De nuevo, esa sensación de que termina demasiado pronto. Seguro sea porque lo bueno si breve. Francisca me sorprende, de nuevo para bien. Se va una fecha de esas lindas, de ritmos en fusión y psicodelia.

domingo, 1 de diciembre de 2013

todas y cada una de las noches se escapa este bicho mañero




Traducir la agitación que un poema despierta es quizás en vano. Mejor leerlo, mejor escuchar a su autor recitándolo. Mejor ir a la presentación del último poemario de uno de esos poetas que sabe dónde y cómo una palabra es flecha que se clava directo en el seso. Leen amigos, cantan amigos, todos celebrando el nacimiento del décimo. Condensar sensaciones en una reseña a veces no tiene sentido, aunque la emoción esté a flor de piel, erizada toda, a punto de despegarse de la carne y flotar. Flotar en el aire que está invadido por palo santo, por ese bicho difícil de asir, por canciones que son de ensueño y de sirenas de tierra. Sólo que exista la posibilidad de rescatar algo, de que esa noche no se diluya en el calendario. Para cuando la rutina amenace, tener líneas donde ir a resucitarla, un bicho nuevo para acariciar mientras la noche, maldita, nos consume los días. 

cantar lo de adentro - Niño, Botis Cromático


el Botis me emociona, en ambas direcciones