Cada cual tendrá su fórmula para espantar la
fatalidad que se le atribuye al Viernes 13. Mi antídoto es casi siempre el
mismo: una velada musical que ahuyente lo malo. Los astros, alineados de mi
lado, me gratifican con el debut del (tri)Ciclo en Familia. Promesa de tasnoche folk en un otoño que no da
tregua, en ese perímetro que sabe regalarme cálidos encuentros.
Apenas pasada la medianoche, y mi undiverso
infimito está a punto de derrumbarse cuando a mis orejitas llega el fatídico
anuncio: “Cayeron las reservas”.
Viernes 13, ahí estás todavía! Con los pies arrastrados y el corazón en llanto,
no queda alternativa más que la de abandonar el lugar. Pero en las
inmediaciones, el Sr Martinelli se expide con un gesto de gentileza y humildad
que nos ubica en la planta alta del Café Vinilo, de frente al escenario y fulgurando sonrisas
para alquilar balcones.
El show está por comenzar, todos a sus puestos.
Arpa de yapa en los dulces dedos de Marina Dominguez, y se respira tranquilidad
al ritmo de “Lullaby”, que los monstruos
ya no existen o son buenos: todo lo que está por venir es justo lo opuesto
a una noche de terror. La Familia de Ukeleles trajo a los primos del campo para
celebrar este primer encuentro, que se entiende no sólo por el repertorio
elegido sino también por esas vestimentas de granjeros que lucen. Siempre
atentos a cada detalle, a que nada falle.
Suenan tremendo, sencillamente impecables.
Calidad y profesionalismo, sin descuidar la calidez ni la interacción con el
público, al que tienen comiendo de sus manos. En una lista que alterna entre su
primer EP y el disco de estudio homónimo editado hace algunos meses, las
melodías van discurriendo con la naturalidad y la fuerza con la cae el agua de
una catarata. Cristalinos en su actuar, pintorescos en su imagen y sólidos en el sonido. Con el lujo de Andrés Reboratti y Juan Pablo de Mendonca como
invitados, la primera fecha del ciclo se termina como todo lo bueno.
Los aplausos vivaces contagian su energía, y no
puedo más que pensar que venga, que la noche está en pañales. A recorrer la
ciudad, que these boots are made for walkin´ y yo no tengo apuro, ni destino,
ni nada que perder.
Repite con nuevas sorpresas el viernes 20 y 27 de Junio, 00hs en Café Vinilo, Gorriti 3780
El hermetismo funcionó, jugarla de callados,
tirar data a cuentagotas, sugerir más que mostrar. Confirman su regreso, después
de más de 15 años sin pisar el escenario, pero no dicen mucho más. Entonces, la
expectativa crece a pasos agigantados, se vuelve inmensa, tan grande que apenas
entra en la terraza del CC Recoleta, en el marco de la séptima edición del
Festival Ciudad Emergente.
Entramos a presión, moverse del rincón al que
se llegó a fuerza de roces violentos es una alternativa kamikaze. La terraza
está atestada, y en los rincones se ven caras conocidas. Es que se trata de un hito,
una de las bandas fundamental y fundante de la escena alternativa de los 90´s se junta de nuevo. Nadie quiso
faltar, a nadie quiere arrepentirse al día siguiente.
El público está ansioso y la sospecha ya es
certeza: estamos por ser testigos de un momento histórico: “The aliens are back”. Apertura instrumental,
sombreros eternos y trajes en blanco y negro para el aterrizaje en este
planeta. Se inicia el trance y el show es un rito sagrado donde los músicos van
desplegando todo el arsenal con el que cuentan en sus 3 discos y mostrando la
hilacha de lo nuevo. El pogo es desquiciado, el mosh también, se escucha al
público agitar, vibrando como en un ritual satánico de sangre derramada en
acoples y solos de guitarra que estremecen a cualquiera.
Como
una cacería de brujas o una película de Martes 13, “Vudú” estalla en aullidos y
Los Brujos están debajo de una bolsa de arpillera que hiela el aliento. Queda
claro que todavía tienen mucho para dar y que el tiempo, a veces, sirve para macerar
lo bueno. La entrega es plena, el nivel de energía podría hacer estallar todos
los termómetros de la ciudad. Como una liturgia sagrada de culto a la
psicodelia, hay momentos muy arriba en “Canción del Cronopio”, “Piso liso”, "Sasquatch”,
el final con "Capicúa" y "Mi papi no te quiere" y una buena
noticia: "La gira intergaláctica
duró un largo tiempo pero ya estamos de nuevo en la Tierra”. Bienvenidos.
Sentirse a gusto, como en casa. Bien recibida,
cálida. Los lugares como estos pueden ser arcones de recuerdos de noches que
están por venir. El espacio colmado de personas con las que seremos ex-amigos
antes de conocernos♪♫. Es difícil determinar los motivos que hacen de Casa A un
bunker perfecto. Como las viejas recetas familiares, que las nuevas
generaciones intentan copiar sin alcanzar el mismo resultado, aunque sigan las
instrucciones al pie de la letra. Ese mismo misterio, que intriga y gusta.
Quisiera poder aplicar para mandarme mudar acá.
Las terrazas de los edificios vecinos, las
cuento, les dibujo el borde en el aire con esta misma lapicera. Proyecciones psicodélicas
en las paredes de una, un cuarto con cuadros, y otro y otro. Una cocina que
oficia de barra y expende bebidas en frascos, como medicamentos milagrosos
recetados por sabios.
Un patio es la gloria. Una noche de otoño, una
pequeña manada de desconocidos abrazando la música nueva, un puñal en mensaje
que no llega, una señal, la misma. Hernán Segret dispara los primeros acordes, con
guitarra y sin mic. Mientras lo escucho pienso en próceres del rock local, en
uno delgadito más que en ningún otro, y en algún músico de Morón del que hace
mucho no tengo noticias. Me gustan sus canciones, la armonía con la que las
hace sonar, su voz serena. La dulzura. Un muy lindo inicio para esta noche musical.
Al costa hay una huerta, la vida arrinconada y
el hospital perfecto para una menta. Una de esas lámparas que dan calor, uno de
esos calores que energizan los días de rutina. Francisca y los Exploradores, en
versión solista y dúo. “De su sal”, “Todos
como vos” casi a cappella,
porque la guitarra es rasgueda apenas. Imponiendo su modo, su forma y su
tiempo, hace con las canciones lo que quiere, las moldea de nuevo, y así nuevas
las entrega y son hermosas también. Nico Garay se acomoda en el teclado, y la
música encandila de otra manera, con una energía que camina las notas. La voz
pasa a un plano casi silencioso, pero el giro sonoro resulta interesante y el repertorio
no excluye los hits Barbuda.
Hacia el final todo se transforma otra vez, de
la silla contigua me llega una palabra que resume la situación: “enloqueció”. Y en una versión a su
propio estilo, Fran canta “Viejos Vinagres” a puras bases. Se despide con “El
día de la lenteja” y deja en evidencia que solo, acompañado, con madera o pc,
el escenario es su lugar.