miércoles, 1 de enero de 2014

pelucas volaron - Baccarat + Los Peyotes en La Ideal



Le digo al calor bochornoso que aunque me quiera persuadir de lo contrario, yo amo a Buenos Aires y al bajo, y le susurro al asfalto, que es bruma y smog, “un viernes de Diciembre salgo a disfrutarte”. Y hecha la promesa, no queda alternativa. Derritiéndome en el asiento, hasta Suipacha al 300. La fila se extiende sobre la calle, la temperatura no baja de los 30° aunque la oscuridad de la medianoche luche por borrar los rastros ardientes del rey sol. Me distraigo en las columnas que sostienen el edificio, en las escaleras. Una reina del otro lado me recibe de la mejor manera, la dulzura se esconde debajo de rulos castaños.

Unos covers para despuntar la noche, hasta que se anuncia al músico platense que cambió las diagonales por la ciudad de la furia. De punta en blanco, la pequeña orquesta que acompaña a Pángaro esta noche toma posición en el escenario, y acompañado por sus bellísimas coristas se acomoda en el centro de la escena.

Una postal, una foto que cobra vida. Eso parece Baccarat esta noche. Cada canción va dándole sustancia a la imagen, y “Silencio” es la primera retro de la lista. El dandy de Constitución sabe llevar la velada, y acompañarse de músicos que no escatiman en talento. El sonido no acompaña, pero la diversión está siempre asegurada mientras el whisky discurra en el vaso del anfitrión. “Torero” y su coreo, “Estatua de Nylon” y el final a todo trapo con “Lluvia dorada”. Una vez más, corazón contento cuando baila al ritmo de Baccarat. 

Algo diametralmente opuesto: llega el turno de Los Peyotes, y el show gira unos 180°. Parados frente al escenario, los cuerpos sudan y se mueven, vibran al ritmo del garage rock sixtie que disparan estos cavernícolas totalmente entregados. Me gusta el salvajismo que proponen, la intensidad total de esos acordes crudos. La vieja escuela, ahora que los veo en vivo entiendo de qué hablan los que saben cuando usan el término. Sí, estoy en trance yo también, la versión garagera de mí misma que no conocía. Hay bandas que se entienden mejor cuando se las ve en vivo. Y así, con la ciudad prendida fuego y la intensidad del a go go, Los Peyotes volaron pelucas. Si alguna ve la mía, por favor, que la devuelva. 

qué harás conmigo al despertar - Mal Mortal, San Martin Vampire


no

soy

quien 

pensás

jueves, 26 de diciembre de 2013

Adiós al espectáculo multimedia - Botis Cromático en El Universal



Vi árboles de los que caían frutos con forma de personas. Yo quise pelarlos y comérmelos a todos, juntar los carozos y plantarlos en el balcón. Todavía el ruido de esa ola que nació y murió en las rocas. Así era cómo se despedía el sol de mi domingo. La bienvenida a la luna se agitaba en el pasaje Soria, en una puerta que crujía para recibirnos. Una pequeña multitud formando una enorme intimidad, que mecía las cabezas apenas bajo el hechicero halo del Botis Cromático.
Y ahora quisiera decir, pero me cuestan las palabras cuando los sentidos apenas llegan a decodificar. Hay recis en los que me salgo de mí y veo a mi cuerpo como un intermediario que quiere vivir adentro lo que afuera le proponen. “Adiós al espectáculo multimedia”, y va cambiándose las medias en esa marea lúdica de música que son sus canciones. Quizás porque hace mucho que no juego sin medir las consecuencias, quizás porque me tomo la noche en serio y me olvido que reír es siempre la mejor solución, quizás porque estar entre la espada y la pared es, a veces, lo que hace falta.
El aire apenas alcanza, pero respiramos notas mientras el bosque estrambótico se muda a Palermo y los brazos son ramas y nos cuelgan hojas de los dedos, que flotan en el aire al ritmo de las cuerdas y entre “Alemanes en Jujuy”, “La casa extraña” e “Historias de barriletes” las medias se terminan pero la medida del amor es inmensa. La sutileza es enemiga de las casualidades, pero sé que despedir un año con este puñado de canciones es buen augurio. Estos son los regalos que el tiempo nos dio. 

bandera blanca - Decimos te extraño, Adrian Juarez


me dijiste que me extrañabas justo en ese momento en el que yo estaba haciendo lo mismo
¡aguante la bandera blanca!

viernes, 20 de diciembre de 2013

lo echamos a suertes: gira del día!



 prepará las monedas, porque hay que elegir!

poesía de la buena


estos locos lindos en El Gorrión!

una GRAN revelación del año!

en su segunda fecha... DEL AÑO!

Libres, lindas y locas - Las Taradas en Rosario


Cada quien sabrá en qué ciudad el corazón se le abre, las alas se le despliegan y los tornillos se le sueltan. Quien no lo sepa debería estar probando ciudades nuevas. Convidar la invitación es a veces dar las gracias por los aeropuertos que no fueron. Pero en Rosario el calor es una aplanadora que te arrastra hasta el Paraná, donde el fondo tiene esa consistencia tan extraña. A mí me gusta el barro del río, el pescado fresco a su vera y una banda para seguir.

Cancionera 2013 se despide de esta ciudad con un show de mujeres bellas y fuertes. Si ellas viajan por primera vez para tocar allá, porqué no ir a cubrirlas ahí donde nació la bandera. La noche está estrellada, pero nada tirita en estas latitudes. Al lado del agua llega una brisa tibia que acaricia los pies que cuelgan, hasta que se hace la hora y adentro del Galpón 11 Señorita Carolina se planta de lleno con su guitarra. Su voz es fuerte pero dulce, sus canciones suaves pero intensas. La primer sirena de la noche abre la compuerta.

Le siguen Marina Fages & Lucy Patané, este dúo fem que se da bruces con lo experimental, y toca canciones que te dejan vibrando de pies a cabeza. Charango, clarinete, bombo legüero, banjo y hasta el cuerpo contra el piso para encontrar el sonido justo. Dos princesas de río que se hacen presentes en esta noche de juerga. Un cover del Paraguay al que se suman las voces taradas, y con eso se despiden las multiclimáticas doncellas.

El sonido es impecable. A los costados alguien pinta, alguien danza, alguien ríe. Respiramos y contenemos la respiración, mientras entretelones tejemos anécdotas que vamos a olvidarnos rápido. Una estrella fugaz surca el cielo justo cuando lo miramos, pero no pido ningún deseo, porque seguro tocan “Que no, que no”. Antes de eso, Las Sextetas en el escenario. ¿Bailamos? Claro, inauguramos el rincón como pista y nos movemos al ritmo de los vientos, la percusión y las cuerdas que suenan tan latinoamericanas. Aplausos fuertes y las locales dicen adiós, y hasta pronto. Perdemos rápido la cuenta, pero el Fernet se acaba. Corre un blanco en el plástico transparente que casi se derrite al son de Ufemia. 

La cosa está que arde en este galpón, Cancionera es la fiesta del siglo y Las Taradas son, como en cada una de sus presentaciones, ese equilibrio entre la diversión total y la música muy bien reversionada. Talentosas y audaces, pasean por la lista de temas y como peces en el agua, nos deslizamos entre sus canciones. Queremos más, siempre vamos a querer una más cuando la cosa está así de linda. Pero ellas saben contentarnos con ese compileti de boleros, la parranda y menos mal que vinimos hasta acá a verlas, cómo valió la pena! Todas las artistas suben y yo enseguida pienso: Ni sumisas ni devotas. Libres, lindas y locas. Bravo, bravo, bravo!